César Aira (Coronel Pringles,
1949)
Cómo
me reí
Los
misterios de Rosario
César Aira, Cómo me reí, Rosario, Beatriz Viterbo,
2005, 128 páginas.
César Aira es uno de los
escritores contemporáneos más prolíficos de la Argentina. Se dedica
a géneros distintos: es novelista, cuentista, dramaturgo, ensayista y
traductor; ha escrito muchos sagaces ensayos literarios que se pueden leer en
periódicos y revistas del sector. Aira nació en Coronel Pringles (Argentina) en
1949, pero vive desde 1967 en Buenos Aires, ciudad en la que se dedica a su
oficio de escritor y en la que ha dictado cursos en la universidad, sobre, por
ejemplo, la obra del dramaturgo argentino Copi y Rimbaud. Las historias de Aira
son breves y casi siempre reales, pero se ven atravesadas por lo insólito y dan
lugar a muchas lecturas distintas. «Cómo me reí» se inserta en el género de la
novela. Al comienzo del libro, el autor afirma deplorar «a los lectores que
vienen a decirme que “se rieron” con mis libros, y me quejo amargamente de
ellos» (p. 7), porque «si se quedaron ahí, es porque no encontraron nada más»
(p. 8). A partir de esta consideración, empieza la verdadera narración, porque
Aira se pierde en los recuerdos, nos cuenta las historias de su infancia en
Pringles, su pueblo natal, de su familia y de su pandilla. Esta serie de
anécdotas por ser, a veces, ridículas en absoluto, provocan precisamente lo que
el escritor aborrece: hacen reír. Sus amigos, en los veranos soleados, contaban
historias que sólo podían terminar con la risa, la única digna conclusión de
cualquier relato. Aira busca en estos recuerdos una justificación, porque
podría estar ahí la raíz del problema de la risa como efecto de sus obras. El
texto sigue proporcionándonos relatos del pasado con un patetismo siempre más
presente; el escritor llega a veces a disminuir la envergadura de su obra
cuando declara que, de pequeño, siempre le pedían que contase algo, y se lo
pedían a él que era el que menos historias tenía para contar. Al final de la
novela Aira elabora una historia sobre la muerte de su padre, narra los juegos
de su perro, Susy, su única compañía, del que depende por completo, y el día de
la recepción del Premio Konex de literatura, precisamente en el rubro «novela
humorística». Este autor porteño tiene una precisa idea sobre las vanguardias,
y siempre pone en marcha los estratagemas que lo acercan a estos movimientos.
Para él, cuando el arte estaba inventado y sólo quedaba seguir haciendo obras,
las vanguardias llegaron para empezar otra vez el camino desde el origen con
una única herramienta: el procedimiento. La «obra» sería, entonces, el
procedimiento para hacer obras, pero sin la obra misma. En «Cómo me reí» Aira
puntualiza muchas veces sobre los procesos para hacer una obra y sobre todo
sobre sus técnicas: el autor afirma que todos sus colegas se han modernizado,
menos él, que siente una repugnancia ante las alteraciones del orden temporal
en la novela. «El verosímil es un artificio: la realidad no es verosímil, no
necesita serlo. Mis novelas sufren de un exceso de verosímil, y me temo que eso
es lo que las hace tan cómicas a pesar de mis esfuerzos por hacerlas serias»
(p. 105): bajo el rubro del recuerdo, del patetismo a veces exasperado como
cuando afirma que a él nadie le preguntó nada, y quizás es por eso que nunca se
casó, Aira reflexiona sobre el procedimiento, sobre la realidad y la manera de
contarla, aunque «contar» no es precisamente su objetivo principal. Sus libros,
más que narrar historias, narran los procesos creativos. Pero en «Cómo me reí»
encontramos otra característica o, mejor, otra atmósfera peculiar: se trata de
la melancolía, que a veces aflora y a veces se pierde entre la risa, los
chistes y los recuerdos. No es una melancolía triste, amenazante, angustiante,
sino simplemente un estado de ánimo velado que nos lleva hacia las calurosas y
solitarias tardes del autor en Buenos Aires. La obra de Aira tiene muchísimos
estimadores pero también muchos detractores, precisamente porque no es un
narrador tradicional ni escribe novelas en el verdadero sentido de la palabra. Lo
que seguramente tenemos que destacar es su búsqueda del procedimiento en
sentido vanguardista y su vena literaria que parece casi inagotable.
©Simonetta
Giglio, 2006.

César Aira, Los misterios de Rosario, Buenos Aires, Emecé, 2005, 190
páginas.
“Una tarde de
octubre del año pasado...” es el típico íncipit de cualquier novela o
relato en el que el lector piensa adentrarse en una historia como tantas otras pero,
en realidad, esta aparente normalidad no se refleja en la narración que se
articula página tras página. La obra de la que se está hablando es Los
misterios de Rosario, novela de César Aira (Coronel Pringles, 1949),
publicada en 1994 y reeditada en 2005. El autor argentino es, sin lugar a
dudas, un hombre polifacético: traductor, novelista, dramaturgo y ensayista. Ha
escrito en diferentes diarios y revistas en donde se pueden leer sus ensayos
breves. Ha sido traducido y editado en Francia, Inglaterra, Italia, Brasil,
España, México y Venezuela y, por eso, se le considera como uno de los
escritores más prolíficos e importantes de la literatura argentina
contemporanea con más de treinta obras publicadas. Aunque empieza a escribir en
los años ‘70, alcanza la fama en los años ‘90. Este libro, fuera de los
esquemas, narra la historia del tan temido y desde siempre esperado Fin del
Mundo. El apocalipsis tiene lugar en la ciudad de Rosario donde un profesor de la Facultad de Humanidades,
completamente enloquecido, se ve involucrado accidentalmente en la operación de
alteración climática. Esta catástrofe provoca consecuencias nefastas como, por
ejemplo, tormentas de nieve en una ciudad caracterizada por un clima
semitropical. De este modo, el protagonista, junto con un grupo de profesores,
se convierte sin querer en el salvador de la humanidad entera abandonando la
especulación literaria y formando parte del arriesgado mundo de la aventura,
pero siempre siguiendo los consejos de su jefe Alberto Giordano. El grupo tropieza,
además, con algunos inquietantes palurdos como el Muñeco de Nieve, el
Pteroliva, las Tres Mutantes Mnémicas, el Hombre Fantasticular y la Isis Babilónica. Los
misterios de Rosario es una novela considerada fundamental en el corpus
narrativo de César Aira. El autor, provocador y rebelde, tiene unas
características literarias propias e innovadoras que se repiten constantemente
en toda su literatura como, por ejemplo, la brevedad de sus obras en las que la realidad
está marcada gracias a la existencia de lo insólito y en las que, casi
sin darse cuenta, lo sorprendente convive con lo cotidiano. Además, otro
elemento es la presencia constante de un personaje que lleva su
nombre. La idea central que se repite en toda la obra de Aira es un movimiento
cíclico que implica el regreso a una situación inicial. Conceptos como “caos”,
“catástrofe” e “indeterminación” son rasgos fundamentales en una obra en
la que el fin del mundo o de la
Argentina misma se convierten en el trasfondo y se mezclan
con gran sencillez, extravagancia y frivolidad. Además, podemos considerar la
literatura de César Aira como una narrativa caracterizada por los
procedimientos porque es una literatura de fin de siglo en la que se destaca la
idea de transformación, de mutación. Su estilo, a menudo, es original,
excéntrico, provocador, excitante y fuera de los cánones clásicos típicos de la
literatura latinoamericana y por este motivo, puede gustar o no, pero al mismo
tiempo estos rasgos se equilibran con su prosa lineal y clara, desprovista de
los juegos lingüísticos típicos de los escritores del período. El mismo autor,
hablando de sus obras, afirma que todos sus libros son imaginados como
experimentos que carecen de seriedad metódica y científica pero que, en
realidad, desbordan de la experiencia de un “sabio loco o de un niño que juega
al químico y mezcla dos sustancias para ver qué pasa.” Él lo hace de la misma
forma con sus elementos literarios sin saber cuál será el resultado final. Todos
los aspectos más interesantes de su narrativa se manifiestan a través de un
juego incesante entre teoría y acontecimientos. En este libro, todos los
personajes son reales, la mayoría críticos literarios estudiosos de sus obras,
que se internan en el sanatorio, en busca de su lado apocalíptico. Sus obras
provocan siempre reacciones encontradas, hacen enloquecer al lector con sus
mezclas, simplificaciones, alteraciones, etc., que, después de todo, son
geniales y eficaces. Al final, estos excesos, por muy extremos que sean, se
dirigen siempre hacia un objetivo primario: la libertad de narrar.
©Valentina Tardito, 2006.