Esporas de América Latina

“esporas”, en griego, significa “semillas”. Los microrrelatos, cuentos breves son una suerte de semillas en donde se concentran literatura, vida, ideas, emociones y tantas otras cosas más. Esta sección está dedicada a dichas “formas breves” de escritura.

 

Tununa Mercado (Córdoba, 1939), novelista, cuentista, ensayista, traductora y periodista argentina. Escritora de gran solidez, originalidad y calidad literarias, es un referente para la literatura argentina y latinoamericana actuales. En 1958 inicia sus estudios universitarios de Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Córdoba. Tres años después contrae matrimonio con el crítico latinoamericanista, narrador y teórico Noé Jitrik quien fue su profesor de Literatura Argentina. En 1964 se traslada a Buenos Aires junto con la familia, pero abandona los estudios faltándole rendir sólo dos materias. Este hecho coincide con la dictadura de Onganía que interviene la Universidad de Buenos Aires (UBA) en la así llamada “noche de los bastones largos” y expulsa a lo más valioso del cuerpo docente entre los cuales recordamos al historiador Tulio Halperín Donghi. Siempre en 1966, y ante la mordaza que impone el “onganiato”, Tununa y Noé Jitrik, junto con sus dos pequeños hijos, deciden irse a Francia, gracias a una oferta que recibe Jitrik para enseñar en una universidad de ese país. Allí Tununa colabora en la universidad dictando cursos de historia y civilización latinoamericanas. Envía al prestigioso Premio Casa de las Américas (Cuba) su primer libro Celebrar a la mujer como a una pascua (cuentos) y obtiene la Mención Casa de las Américas en 1967. Vive y observa el 68 francés de cerca viajando todos los días a París. En 1970 Tununa y familia regresan a la Argentina. Un año después empieza a trabajar en el periódico La Opinión, referente progresista para los intelectuales de la época. En 1973, luego del golpe de estado chileno, participa en acciones y comités de solidaridad con el país del Sur. En 1974 Noé Jitrik es invitado a México para dar clases y Tununa, en Buenos Aires, empieza a recibir amenazas de muerte de parte de la banda terrorista de extrema derecha “Triple A”. Por este motivo, el exilio se adelanta a los acontecimientos del 76 y deciden refugiarse en México hasta el final de la dictadura argentina. En la capital azteca Tununa y Noé Jitrik forman una comisión de solidaridad con los exiliados argentinos. Tununa trabaja como periodista free-lance y luego es editora de una revista. Es en estos años que concibe Canon de alcoba, cuentos eróticos de refinada sensibilidad y escritura que serán publicados en 1988 y que tendrán 3 ediciones. En 1990 se edita En estado de memoria, obra “híbrida” que se mueve entre el relato, la confesión, el artículo y el ensayo. En 1994 la excelente editorial rosarina Beatriz Viterbo publica La letra de lo mínimo (ensayos). Dos años después, sale La madriguera (novela). En 2003, aparece Narrar después (ensayo). Un año más tarde, gana el Premio Konex en la sección “Cuento”. En 2005 sale Yo nunca te prometí la eternidad (novela) que suscita un gran interés de público y de crítica por la solidez de su escritura y de sus temas. Es una novela de desplazamientos entre Europa y las Américas en la cual el exilio y la memoria representan la indagación fundamental de lo humano. Tununa Mercado escribe, dicta conferencias y traduce del francés.

 

“A pie de página” agradece profundamente a Tununa su cortesía y gentileza por habernos permitido publicar sus cuentos y notas.

 

“La lengua en la que escribo, el español, es porosa, no se abroquela detrás de una coraza purista sino que deja circular en su interior partículas que la han penetrado en los sitios en que tocó convivir con otras culturas en español, especialmente en México. No se trata, y ésa es la condición para la aventura de escribir, de “adoptar” términos, de pedir prestado riqueza ajena, sino de dejar que lo que se ha incorporado se deposite y se intercambie con lo ya existente fuera de la voluntad de quien lo recibe. Esos huéspedes sigilosos y discretos no dejarán saber que fueron “de honor” hasta el momento en que mucho después, releyendo un texto, el lector, e incluso el autor mismo advertido por un lector, se den cuenta de que una inflexión, un rasgo, una reminiscencia, delatan una lengua de adopción, en este caso la de México”

 

©Tununa Mercado, Narrar después, Rosario, Beatriz Viterbo, 2003.





Amor combatiente
Amor desaparecido
Amor desaprensivo



Amor combatiente (de Canon de alcoba, 1988)

 

 

Descubre su arma demasiado pronto; deslumbrado por el campo de batalla que se abre ante sus ojos, sin poder acotar los cauces de su pasión, se lanza a la contienda a pasos de gigante; pisotea la hierba, sus zancadas retumban como si lo tuvieran que oír en el centro de todos los plexos. No sabe que el deseo entreabre sus puertas con delicadeza, con un soplo apenas, sin siquiera tocar los picaportes o girar los goznes, llamando a silencio más que a vociferación. Pero este amor olfatea, husmea como una fauna de animales multiplicados, sus fauces se pegan a cualquier promesa de agua y escupen su sed en las cuencas más generosas; arrastra sus enormes borceguíes por la tibieza de los lodos, por la tersura de los nardos. Sin retener entre sus dedos la brizna ni la rama, arracando mechones de hojas a su paso; sin diluir la esencia, espeso a todas las huellas y opaco a todos los halos de la respiración del otro, el amor combatiente quiere dejar una marca, una cicatriz, su nombre grabado solemnemente en la corteza del territorio que atraviesa.

 

El otro, la otra, atemorizado por el asalto, sin tiempo para preservar sus flancos o endurecer sus defensas, corre sus líneas imaginarias, pero el amor las borronea bajo sus plantas. Encima, con una caída que aplasta como una prensa, con un peso que expulsa todo el aire del otro cuerpo hasta dejarlo como una lámina, a un ritmo de badajazos desesperados, el combatiente no cede, como si ya el mundo se estuviera por acabar las luces, de cerrar las llaves del agua, de contener la marea ascendente o exaltar la descendente, como si con el dulcísimo amor que va a salir de su sexo, esa sustancia liminar por su nobleza, tuviera que saldar las cuentas milenarias de la especie, pagar todos los riesgos y comprar todas las sorpresas.

 

El tiempo se le acaba; piensa que galopa por llanuras desmesuradas, con vocación de exterminio pulveriza los pétalos con sus cascos, derrota los pólenes, aplasta las telarañas diminutas del pasto, los rocíos se vuelven lágrimas ante el invasor amante que tiene una estrategia lejana, muy distante del cuerpo que se le ofrece, un blanco que está más allá y que poco tiene que ver con el amor que subyacía a su avance y que ahora, mientras el martillo cae sobre el yunque, es disparado, eyectado por el ojo sin cuencas, por la solitaria pupila del amor, como una flecha. El combatiente se queda muy solo.

 

©Tununa Mercado, Canon de alcoba, Buenos Aires, Ada Korn Editora, 3ª edición, 1991.




Amor desaparecido (de Canon de alcoba, 1991)

 

 

Lo mira insistentemente. Lo toca dejando perdurar sus dedos en las líneas de su boca. Lo besa con labios y lengua. El arrobamiento no aparece. Lo vuelve a abrazar, lo suelta, toma distancia para evaluar con el entendimiento lo que le niega la emoción. Él es el mismo pero ella ya no desentraña en él aquel brillo que otrora la iluminaba. Sus manos son las mismas y cuando las toma entre las suyas cree reconocer una tibieza conocida, pero, si bien la tibieza está, pareciera que de algún modo fuera segregada sin intención ni mensaje y existiera por su propio continente natural, las manos. Se aparta, observa la situación tratando de buscar el punto donde sea posible recomenzar. Se esfuerza por clavar su mirada en sus ojos y transmitirle una pasión incontenible; dice dos o tres frases vehementes intentando crear una situación de reacomodamiento amoroso; sonríe y entorna los ojos retrotrayéndose a gestos de seducción que antes bordeaban el desmayo pero que ahora se disipan contra paredes muelles y sin resonancias; vuelve a poner sus labios en su boca queriendo extraer una sensación, al menos una distante sensación que vuelva a dibujar la forma del deseo; se aprieta contra su cuerpo y hace coincidir, como tantas otras veces, su pubis contra su sexo.

 

Él la besa, se aprieta contra su cuerpo, la mira con ojos profundos y susurra las palabras siempre, siempre. Se aparta, toma distancia y trata de reconocer en ella el paisaje anterior al desierto, el vergel en el que se amaban; insiste en el acercamiento y apoya su pecho en sus pechos buscando su morbidez, pasa su mano por la espalda de ella, llega hasta la cintura, cierra los ojos, busca el convencimiento.

 

©Tununa Mercado, Canon de alcoba, Buenos Aires, Ada Korn Editora, 3ª edición, 1991.




Amor desaprensivo (de Canon de alcoba, 1991)

 

Un amor relativo, sin piel, que no recorriera. Ni el deslizamiento, ni la presión, ni la lengua. Un acto separado y caballeresco. Las cortinas del teatro se levantan y el amor sube al escenario para consumarse. Amor que ciega con su espada final las vibraciones más pausadas, aquellas en las que la muerte se reconoce en la vida. Cierra la puerta sobre el último aleteo y se va. ¿Dónde se recupera, en que sueños reaparece para armar el próximo escenario?

 

©Tununa Mercado, Canon de alcoba, Buenos Aires, Ada Korn Editora, 3ª edición, 1991.