Decálogo breve y abierto contra la(s) censura(s) y mordaza(s) institucional(es). Solidaridad con Piero Quijano

por

Luis Dapelo

 

 

El 26 de junio la prensa peruana reportó una noticia sumamente grave. El INC (Instituto Nacional de Cultura del Perú) fue presionado y obligado por la cúpula militar a retirar una serie de viñetas políticas del artista Piero Quijano expuestas en una muestra individual titulada: "Dibujos en prensa 1990-2007" en la Casa Museo José Carlos Mariátegui de Lima. Las obras de Quijano, artista mordaz y dueño de una valiente e insobornable independencia, crítico sin concesiones, saludable y "políticamente incorrecto", aparecieron en la prensa de oposición y denunciaban hechos total y absolutamente condenables e injustificables como la corrupción, las estrategias mediáticas de manipulación de la opinión pública, el Terrorismo de Estado practicado con impunidad durante la dictadura fujimorista en el cual estuvieron implicados en pleno las aparatos represivos controlados por las fuerzas armadas peruanas. Según declaraciones del mismo Quijano al diario “La República”, las viñetas que desencadenaron los hechos fueron dos: una en la que se representa el atropello y la violencia de los militares contra un campesino y la otra en la que aparecía el dictador Fujimori. Como reacción a esta escandalosa forma de censura renunció a su cargo por protesta el artista plástico Armando Williams, director de la Casa Museo José Carlos Mariátegui. La libertad de prensa y de opinión, el derecho a la crítica, la fruición de espacios y de accesos a los bienes culturales en América Latina sobreviven en un precario equilibrio y sabemos, gracias a los informes anuales de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que se cometen sistemáticos atropellos contra todos aquellos que ejercen el derecho a la crítica. Por otro lado, la concentración en pocas manos de la propiedad de los medios de comunicación hace extremadamente difícil la labor de informar con libertad y los espacios para trabajar en libertad son cada vez más restringidos. Hay quienes, desde la hegemonía del discurso neoliberal, sostienen lo insostenible confiriendo “virtudes taumatúrgicas” al “Fetiche-Mercado” y encubriendo diseños monopolísticos y autoritarios de una información vertical y unidireccional. Todo esto nos lleva a hacer, en una suerte de decálogo breve, algunas ineludibles reflexiones contra la censura y cualquier forma de mordaza institucional:

 

Primero: es extremadamente grave que un gobierno que se pretende democrático y que practica por boca de su presidente la más ampulosa retórica, en la cual brillan las fórmulas trilladamente populistas dirigidas solamente a colmar el vacío de ideas y la ética prófuga, haga una infame concesión a la cúpula militar y no defienda la libertad de expresión y de información así como el derecho a la crítica.

 

Segundo: es extremadamente grave que un gobierno civil manifieste tan poca autoridad sobre un “poder paralelo” como el de los militares que, con desparpajo e insolencia, se sienten investidos del derecho a silenciar las voces críticas que emergen de la sociedad y de sus intelectuales independientes y opositores.

 

Tercero: es extremadamente grave que una institución estatal como el INC, que teóricamente promueve la cultura en todas sus manifestaciones, haya cedido a las presiones de un grupo de burócratas militares y haya obedecido tan genuflexamente a su “diktat”.

 

Cuarto: es extremadamente grave que una institución cultural estatal permita que una cúpula militar caracterizada desde siempre por una insultante indigencia cultural se inmiscuya en un terreno que no le pertenece y por el que siempre manifestó desprecio, dé órdenes y que éstas sean obedecidas sin discusión.

 

Quinto: es extremadamente grave que la directora del INC niegue la evidencia y declare “cándidamente” que no hubieron presiones ni censuras. Ante la gravedad de los acontecimientos, una pregunta surge espontánea: ¿No sería más decoroso que la persona que encabeza la institución cultural estatal renunciara porque, indudablemente, ha prestado un pésimo servicio a la cultura que dice promover desde su institución y se ha prestado sin ninguna vergüenza a avalar un atropello?

 

Sexto: es extremadamente grave que un gobierno, por sórdidos cálculos políticos y sórdidas alianzas con el fujimorismo, proteja, defienda y encubra crímenes y responsabilidades perpetrados por los militares durante la dictadura y pretenda armar una “verdad oficial” a través de burócratas adictos y serviles.

 

Séptimo: es extremadamente grave que un gobierno esté yendo hacia una deriva autoritaria elaborada con la complicidad y connivencia de la derecha reaccionaria, de los poderes ocultos y de todas esas fuerzas que exigen la perpetuación de la impunidad. Esa misma derecha, que cuenta con un aliado incondicional, eficaz y mediático cuyo nombre es Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima y miembro del Opus Dei, y tiene por objetivo supremo deslegitimar, junto con sus referentes políticos en el gobierno apro-fujimorista, a ciertas ONG, a la Comisión de la Verdad y a todos aquellos que buscan con su luchas defender sus derechos y evitar que el Estado siga atropellándolos.

 

Octavo: es extremadamente grave que un gobierno dé una imagen tan torpe y peligrosa por lo que se refiere a la gestión de la cosa pública. Y resulta igualmente torpe y peligroso que demuestre una vez más, con un censurable comportamiento por omisión y siguiendo de manera tan obtusa esa aborrecible y abyecta tradición política peruana, un olímpico desprecio hacia la cultura.

 

Noveno: es extremadamente grave que se restrinjan aún más los espacios de crítica y de disenso y se quiera imponer un insultante conformismo a través de discursos funcionales al poder con el fin de satisfacer los delirios y la absurda vanidad de un gobernante que fue muy bien caricaturizado por Piero Quijano como un “pequeño duce criollo”.

 

Décimo: es extremadamente grave que un Estado, que más bien parece un simulacro, no tenga aún una política cultural seria, decente y democrática en un país en el cual el nivel educativo deja mucho que desear, en un país en el cual los índices de lectura son risibles y en un país en el cual los accesos a la cultura siguen siendo manifiestamente clasistas.

 

Colofón: a través de este decálogo breve y abierto quiero manifestar mi más enérgica condena, repulsión y protesta contra el gobierno peruano, el INC y la cúpula militar, responsables de una medida indigna. Asimismo, quiero expresar toda mi solidaridad a Piero Quijano, artista valioso y valiente, del que me honra su amistad y la de su familia e invitarlo a seguir con esa independencia, seriedad, coraje y generosidad, a seguir incomodando al Poder y a sus discursos armado de esa ética inquebrantable de la libertad.

 

©Luis Dapelo, 2007.