Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1909-Madrid, 1994)


El astillero




Juan Carlos Onetti, El astillero, Madrid, Cátedra, Letras Hispánicas, 1998, 233 páginas, Edición de Juan-Manuel García Ramos.

 

 

Juan Carlos Onetti fue uno de los escritores más significativos del panorama literario del Uruguay y de toda América Latina, y El astillero es una de las novelas que más representan su pensamiento y la sencilla elegancia de su escritura, aun tratando temas como la fábrica y la estafa.

Onetti nació en Montevideo en 1909; según afirma él, su infancia fue feliz, pero dejó voluntariamente los estudios secundarios para empezar a ganarse la vida. Trabajó como mozo, portero y vendedor de entradas en el estadio, y al mismo tiempo se dedicó a escribir para la revista «La tijera». Publicó su primera novela, El pozo, en 1939 y paulatinamente llegó a ser un intelectual y un escritor de primera línea. Es uno de los escritores del «boom» o sea uno de los autores que en los años sesenta lograron renovar la literatura latinoamericana y difundirla, gracias a un éxito comercial casi sin precedentes, por todo el mundo.

Pero Juan Carlos Onetti, a pesar de que recibió el premio Nacional de Literatura y  el premio Cervantes, no obtuvo todos los reconocimientos que merecía sobre todo en su Uruguay. Cuando se instauró la dictadura militar, en 1974, fue encarcelado; tras su liberación eligió un exilio voluntario en Madrid, donde vivió hasta su muerte, en 1994.

El astillero, publicado en la capital española en 1961, podría ser la denuncia del intelectual contra una sociedad atrasada y corrupta, que no pudo –o no supo– aprovechar de la modernidad. Relata la historia de Larsen (Juntacadáveres o Junta, como es apodado en la novela homónima publicada posteriormente pero que narra hechos cronológicamente anteriores) que vuelve a Santa María después de cinco años de destierro. En esta ciudad imaginaria, el protagonista empieza a trabajar como gerente en un astillero arruinado; en este oficio es ayudado por dos personajes ambiguos, Gálvez y Kunz. Los tres viven en un ilusión perpetua: el astillero no volverá a funcionar nunca más, la maquinaria es obsoleta y no hay manera de modernizar sus instalaciones. Viven en un paisaje de pesadilla, fantasmal, pero siguen relizando sus tareas como si todo fuese normal. En segundo plano, el autor relata la historia del amor entre Larsen y Angélica Inés, la hija perturbada de don Jeremías Petrus, el dueño del astillero, con la intromisión de Josefina, la criada de Angélica.

Petrus acaba en la cárcel porque uno de sus colaboradores, Gálvez, lo denuncia por un documento falsificado. Junta quiere encontrar al traidor, para vengarse, pero le dicen que ha muerto; entonces decide irse de la ciudad, aunque el hado no le es favorable: morirá de neumonía una semana después, en Rosario.

El astillero forma parte de una «saga» de Santa María que empezó con el cuento «La casa en la arena», publicado en 1945, y se perfiló con mayor precisión en La vida breve de 1950. Podemos afirmar que Santa María es una metáfora del Uruguay: Onetti vive con angustia la situación de su país, que se encuentra en un delirante estado de atraso y corrupción y que no logra ver realizada la modernidad. El astillero de la ciudad imaginaria no tiene la capacidad como para competir con otras fábricas, de Europa por ejemplo. Estos personajes viven en un paisaje falso y construido sobre las ilusiones y parecen marionetas porque ya no tienen esperanzas. Es emblemática la escena en la que Kunz mira el plano de una máquina perforadora que da cien golpes por minuto, mientras sabe que en otros lugares se venden máquinas que pueden dar quinientos golpes por minuto. O bien cuando Larsen, Gálvez y Kunz hablan del sueldo más adecuado para un gerente, sabiendo que nunca será cobrado.

La prosa de Juan Carlos Onetti es lineal y elegante, aunque a veces casi laberíntica; los períodos son breves pero lo que más cabe destacar es el uso de un adjetivo casi para cada objeto o situación, lo cual perfila con mucha precisión a los personajes y a los ambientes.

En El astillero el autor describe con realismo y precisión, inclusive con cinismo, a  Santa María y, por consecuencia, a su Uruguay. Su preocupación y su angustia son evidentes, pero toda la novela es relatada sin ninguna sensiblería; Onetti intentó advertir a una sociedad acerca de su futuro dudoso, aunque esta sociedad no quiso o no supo escucharlo.   

 

 

Simonetta Giglio, 2006.