Alberto Laiseca, La hija de Kheops, Barcelona, Tusquets Editores, 2006, 313 páginas.

 

 

 

“Sólo la ficción sabe, sólo la imaginación puede tocar,

con la punta de los dedos, un retazo de verdad”.

Dante Liano,

Escritor guatemalteco

 

En las últimas décadas del siglo XX, la novela histórica ha desarrollado de manera original, llegando a ocupar un lugar preminente en la producción literaria latinoamericana. En lugar de retomar y seguir las convenciones del género, instaurado a lo largo del siglo XIX, la novela histórica contemporánea se aleja notablemente de la tradicional, tanto por su contenido como por su forma. El desarrollo experimental de este género se concretiza en la introducción de técnicas narrativas nuevas, entre las que se hallan el monólogo interior, el carácter dialógico, la parodia, la multiplicidad de puntos de vista y la distorsión del pasado a través de omisiones y anacronismos. Gracias al entrelazamiento logrado de dichas peculiaridades que rescatan el pasado y por el hecho de llevar al lector a descubrir una época remota -que a lo mejor no conoce pero que lo atrae y reconoce al leer el libro- La hija de Kheops (2006) del escritor argentino Alberto Laiseca, inventor entre otras cosas del llamado realismo delirante y escritor lunar según se definió él mismo, es una exhaustiva muestra de misión cumplida. Fruto de un intenso trabajo y búsqueda documental, modelo de reconstrucción histórico-cultural y de fluidez en la narración, La hija de Kheops nos ofrece un insólito viaje de más de cuatro mil años de historia a lo largo del cual se descubren las pasiones que animan al ser humano. Durante la cuarta dinastía y bajo consejo de Cetes, astrólogo y mago real, el faraón Kheops decide acometer la construcción de una pirámide, “un prisma de doscientos ochenta y siete codos reales de altura” (p.24), una Joya Teológica que “tanto por su tamaño como por el acabado perfecto, cumplirá sus fines de arma protectora” (p.29), preservando a Egipto de males futuros y expulsando a los posibles invasores. El legendario maestro Tofis es nombrado así Arquitecto Real y se le encargan los trabajos de construcción del ben-ben faraónico, que se prolongarán treinta años. Los mosquitos -a los que se refieren con elipsis como Vidrios Maléficos, La Angustia que Flota o las Malignas Momias-, Boula -la mujer nubia de Tofis-, Hentsen, la incestuosa hija de Kheops -que el Faraón mismo no duda en prostituir, para ganar más dinero para el tesoro real- serán sólo algunos de los problemas por solucionar al avanzar de la sagrada construcción, todo esto entre intrigas cortesanas, diálogos divertidos, comentarios y arriesgados anacronismos del mismo autor (veáse por ejemplo página 104 del libro). Al leer La hija de Kheops y toda la entrega literaria del autor en general non se puede no coincidir con el hecho de que “Si algo caracteriza la literatura de Alberto Laiseca es su capacidad para construir mundos ficcionales donde el delirio más extremo se vuelve absolutamente verosímil”[1]. El estilo Laiseca, autor de novelas como Su turno para morir (1976), Aventuras de un novelista atonal (1982), La mujer en la muralla (1990), El jardín de las máquinas parlantes (1993), del libro de relatos Matando enanos a garrotazos (1982) y de otras obras imprescindibles, se caracteriza por su originalidad, por mezclar elementos de la realidad con datos anácronicos y totalmente ficticios: el mundo de lo tangible y de lo intangible queda englobado en su obra con maestría. Las páginas de La hija de Kheops, a lo largo de las que inventó, entre otras cosas, que los egipcios tomaban cerveza mientras construían las pirámides, constituyen el ejemplo más concreto en este sentido. Las novelas históricas de corte experimental intentan analizar, a través de la intertextualidad, de la distorsión histórico-cultural y de la apertura del relato histórico a la esfera local y cotidiana, diferentes perspectivas y bordes textuales: es así que este género logra recuperar aspectos del pasado no canonizados o simplemente no tenidos en cuenta. Recuperar el pasado para comprender los procesos que contribuyeron a formar los problemas de las sociedades actuales, el gusano máximo de la vida misma. Escrito con un logrado equilibrio entre el tono conversacional y el detalle argumental, es uno de los libros de madurez de Laiseca que recapitula toda su literatura, una obra destinada a ser un clásico de la cuentística latinoamericana.

©Martina E. Tiozzo, 2007.



[1] Interzona Editora: http://www.interzonaeditora.com/web2/prensa/prensa.php?idPrensa=23