Carlos
Fuentes, Los
68. París, Praga, México, Barcelona, Debate, 2005, 175 páginas..

Cada vez que Carlos Fuentes publica un nuevo
libro, lo que personalmente más me sorprende es su versatilidad. Este autor mexicano, nacido en Panamá
en 1928, vivió en varios países latinoamericanos y también en Estados Unidos, gracias
a la profesión diplomática del padre. Vuelve a México en 1944 donde cursa
estudios universitarios de Derecho y luego se traslada a Suiza para un
posgrado. Durante su larga vida, vive en Europa y Norteamérica, dictando cursos
o representando a México en varios cargos diplomáticos. Conocido principalmente
por sus novelas (La región más transparente, publicada en 1958, es
frecuentemente considerada, junto con La
muerte de Artemio Cruz, Aura y Cambio de piel, la obra que dio inicio al Boom de la narrativa latinoamericana),
escribe también relatos, obras de teatro y se dedica a una intensa actividad de
periodista y de ensayista literario, político y cultural.
Esta actividad como ensayista parece ser su interés
principal en los últimos años y efectivamente, después del muy sugestivo Contra Bush (2004), Fuentes nos regala este
nuevo, interesante ensayo: Los 68. París,
Praga, México.
Este volumen, que recoge tres trabajos que
conciernen sus experiencias y reflexiones personales sobre los movimientos de
1968, está dividido en cuatro partes: el primer capítulo consta de un
breve ensayo inicial en que el autor interpreta el conjunto de los movimentos, y nos asegura que no ha modificado ni una palabra de los
textos originales que va a presentar. Siguen otros
tres ensayos publicados en distintos momentos y con diferentes propósitos
narrativos: París: la
revolución de mayo, escrito durante la revuelta en la capital francesa y
publicado en seguida, Milan Kundera: el
idilio secreto, que es el prólogo a la edición española de La vida está en otra parte y Tlatelolco: 1968, que ve como
protagonista a la misma Laura Díaz de la homónima novela aparecida hace algunos
años.
Estos textos, recogidos
casi cuatro décadas después, tienen el objetivo de contrastar las reflexiones
inmediatas, que el joven Fuentes hizo “en caliente”, con lo que efectivamente
pasó inmediatamente. Los tres hechos históricos, afirma Fuentes,
pueden calificarse de fracasos de signo diverso, aunque para los vencedores se
trató de victorias pírricas: un triunfo tan costoso que, en realidad,
constituye una derrota para ellos y una victoria a largo plazo para los perdedores. El ensayo, entonces, nos permite
conocer tanto las impresiones del entonces joven escritor, muchas de las cuales
fueron confirmadas con el paso del tiempo, como las influencias que esa
agitación colectiva tuvo en las sociedades occidentales y en la política
mundial.
Los tres ensayos que constituyen la
obra poseen características diferentes. El más interesante es, probablemente, el
que trata el mayo francés, en que la revolución parisina de mayo está narrada a
través de un reportaje. Su perspectiva se centra en lo que el autor mismo
observa en las calles: habla con los protagonistas, los jóvenes estudiantes, se
identifica con su utopía y la apoya, y critica a las autoridades con esa
energía polémica pero, al mismo tiempo, sobria, típica de su estilo y de su visión
del mundo.
El segundo ensayo, Milan Kundera: el idilio secreto, se
abre con el relato del viaje a Praga que el mismo Fuentes realizó con Cortázar
y García Márquez. Se trata de un ensayo más literario, en que el autor, tras
presentarnos unas observaciones sobre el significado de la ciudad checoslovaca
en la historia europea, nos relata el encuentro con Kundera, con el que los
tres latinoamericanos reflexionaron sobre lo que le estaba pasando alrededor, y
nos presenta algunas consideraciones sobre la muy personal visión del mundo del
autor checo, según el cual, “el totalitarismo es un idilio”.
El tercer texto, Tlatelolco: 1968, es más narrativo. Se
trata de la historia de la fotógrafa Laura Díaz (que protagonizó otra novela
del escritor mexicano, Los años con Laura Díaz), quien vio caer a su
nieto en la plaza, pero no lo pudo enterrar dignamente porque el entonces presidente
Díaz Orgaz, organizador y responsable de la masacre, junto con su Secretario de
Gobernación Luis Echeverría, prohibió los entierros en la capital y todos los
cadáveres desaparecieron en una fosa común.
Esta trilogía resulta muy interesante no sólo porque,
a distancia de casi 40 años, podría tener un carácter documental, sino que
también nos sugiere profundas y numerosas preguntas, sobre lo que ocurrió y
sobre lo que será en el futuro.
Sin embargo, un cierto aire de esperanza y de
internacionalismo recorren estas páginas, que nunca dejan de ser intensas,
también cuando Fuentes baja la tensión con notas irónicas a pie de página (como
la, muy divertida, en el capítulo sobre Milan Kundera, en que Fuentes,
refiriéndose al “sueño americano”, apunta: “Obviamente en 1968 yo no preveía el
ascenso de George W. Bush a la presidencia de Estados Unidos (p.128)”.
Es importante resaltar un interesante aspecto
gráfico del ensayo: el libro está ilustrado por grabados procedentes de Imágenes
y símbolos del 68. Fotografía y gráfica del movimento estudiantil (UNAM,
2004), compilados por Arnulfo Aquino y Jorge Pérezvega, y de Les 500
affiches de Mai 68 (Balland, 1978), reunidos por Vasco Gasquet. Las
imágenes, todas en blanco y negro, contribuyen a acompañar y enriquecer ulteriormente
este texto muy valioso, de lectura sencilla y rápida, pero de contenido muy
fascinante y profundo, como todas las obras de Fuentes.