Maynor Freyre, 36 estampas sin bendecir, Lima, Editorial San Marcos, 2005, 215 páginas.
Maynor Freyre, escritor y
periodista peruano, es el autor del libro 36 estampas sin bendecir, una
colección de cuentos realistas, cuyas historias se desarrollan a lo largo de la
segunda mitad del siglo XX, sobre todo en Lima y Chimbote, dos ciudades que han
sido muy importantes para el autor.
Nacido en Lima en 1941, Maynor Freyre fue durante los años del colegio un excelente alumno de matemáticas, pero pronto se enteró de que su verdadera pasión era estar en contacto con la gente y analizar y observar sus maneras de vivir. Esto es exactamente lo que afirma en un uno de los 36 cuentos de este libro: La voz de los sin voz, testimonio autobiográfico en el que el autor nos explica y legitima su peculiar manera de hacer literatura, hablándonos de su vida y de la intención de “tomar la voz de quienes no tienen voz, de aquellos marginados de la sociedad que necesitan escribir en las paredes de los baños o en las de las calles, amparados por la soledad y en la clandestinidad”. Uno de esos casos fue el de sus padres: la madre, una maestra provinciana con el carácter débil y el padre, un militante del partido socialdemócrata peruano (APRA), el cual, durante la dictadura de Manuel Odría (1948-56), fue despedido de su empleo y, por lo tanto, condenado a una vida pobre y difícil.
Se trata, en general, de cuentos cuyos protagonistas son gente común, de los cuales Maynor Freyre analiza detalladamente, como ya hizo precedentemente en otras colecciones, todas las etapas de la vida del hombre, en particular la niñez y la juventud; por eso el libro está dividido en cinco grandes capítulos: De niños y jóvenes, De mujeres y amores, De la lucha del hombre, Pura vida, A rienda suelta.
Los temas considerados son varios y diferentes entre ellos; se pasa de reminiscencias nostálgicas del período de la infancia, al tema del amor entre hombres y mujeres, a las experiencias de vida en la cárcel, a los temas políticos y a las luchas sindicales que ponen al centro de la atención la siderúrgica de Chimbote, empresa en la que el mismo Maynor Freyre trabajó en dos distintos períodos de su vida.
Las referencias autobiográficas son frecuentes, y eso no sólo en los cuentos que tienen lugar en Chimbote, sino también en otros relatos, como, por ejemplo, en los tres cuentos dedicados al Extraño extranjero (el autor vivió unos meses en Madrid y en Hamburgo, estudiando periodismo), en los que analiza la dificultad que un extranjero tiene para integrarse en un país que no es el suyo.
Hay cuentos en los que prevalece el tono y los temas trágicos; en Sí que eran cosas serias, por ejemplo, el autor nos cuenta una conmovedora y triste historia de amor materno; en Corazón de piedra, ¡qué va a ser de tu vida! el protagonista es un niño de ocho años el cual se entera de la muerte de su madre y los demás confunden su fuerza de ánimo con la indiferencia; en El perro que pujaba, el autor compara la vida de un pobre perro con sarna, que se va olisqueando los envoltorios de basura, a un hombre insignificante y enteco que transita solitario por la calle.
Hay también cuentos en los que prevalece el tono y los temas humorísticos y satíricos, como, por ejemplo, El team de los chacales, relato en el que abunda el tono oral y que nos presenta una peculiar y, a veces, cómica pelea con un grupo de cholos y zambos apodados chacales, porque ellos, como los chacales, especie de perros salvajes, son cobardes si están solos y feroces si están en grupo; además de ser un cuento humorístico, llama también la atención del lector sobre las distintas etnias que poblan el Perú y, por lo tanto, sobre la real dificultad de integración.
En todo caso, lo que une a todos los 36 cuentos es el tono oral con el que el autor nos ofrece breves pero significativas escenas de vida cotidiana; la forma oral resulta el medio más adecuado para reproducir la vida de todos los días y además sirve para subrayar que no es Maynor Freyre quien habla, sino sus personajes; por lo tanto el lenguaje es coloquial, rápido, repleto de términos pertenecientes a la jerga peruana y el ritmo es vertiginoso y apasionante.
Cecilia L. Comastri, 2006.