Alonso Cueto, La hora azul, Barcelona, Anagrama, 2005, 303 páginas.

Ganadora del prestigioso Premio Herralde de
novela 2005, La hora azul marca, entre otras
cosas, la consagración definitiva del autor peruano Alonso Cueto (Lima, 1956) en el panorama literario mundial. Sin
embargo, este autor destacado, que ya había publicado una docena de libros de
vario género (novelas, relatos y ensayos principalmente), no era un desconocido
en los círculos literarios de su país, donde ya había recibido elogios y
premios por parte de público y crítica.
La hora azul nos cuenta la
historia de Adrián Ormache, un exitoso abogado de Lima que tiene todo lo que cada
hombre necesitaría: una familia estupenda, un buen trabajo que le da dinero en
abundancia, una vida social interesante y un aspecto juvenil y atractivo, a
pesar de haber superado los cuarenta. Sin embargo, un acontecimento repentino
llega a perturbar la tranquilidad de su vida: la muerte de su querida madre.“Hasta
que todo cambió una mañana de hace varios años, el día en que murió mi madre.
La muerte de mi madre ha sido quizás el gran acontecimento de mi vida (p.19)”. No
es exactamente el luto que le cambia la vida, sino una serie de revelaciones
que tendrá sobre su padre, que casi no había conocido: mando del Ejército peruano
en Ayacucho durante los años de la “guerra sucia” con Sendero Luminoso, ha sido
torturador y asesino despiadado. Pero lo que captura más la atención de Adrián
es que su padre se enamoró de una prisionera que logró fugarse: desde ese momento
la obsesión del hombre se concentra en encontrar a la mujer (que el padre,
antes de morir, le había pedido buscar) y en descubrir toda la verdad.
Por lo tanto,
La hora azul parte de una idea bastante frecuente en literatura: el acontecimiento
que bruscamente desmorona unas convicciones, una escala de valores y una vida
que tenía una aparente solidez. Las revelaciones que Adrian tendrá, lentas y
dolorosas, le harán hallar aspectos sórdidos no sólo sobre la figura del padre,
sino sobre un período en la historia de su país de la que el hombre no sabía
casi nada.
Entonces, la novela se estructura como una suerte
de novela policial, donde, paradójicamente, no se busca el culpable sino quién
es inocente. Esta búsqueda significa tanto el descubrimiento del pasado del
padre de Adrián y de la historia de su país como el viaje del hombre hacia el
interior de sí mismo, intentando encontrar una razón, un sentido para su propia
vida.
En este sentido, La hora azul marca una
nueva orientación en la literatura de Cueto, que hasta ese momento se había
interesado casi exclusivamente en el mundo interior de sus personajes. A partir
de Grandes miradas, que trata de la dictadura de Fujimori, Cueto aborda
temas que conciernen la actualidad de la historia peruana contemporánea. En La
hora azul la etapa de violencia y horror que caracterizaron los años de la “guerra
sucia” entre el Ejército peruano y el grupo armado Sendero Luminoso se funde de
manera madura y natural con la historia de Adrián. Sin embargo, es importante
recordar que esta obra no es una novela política o de denuncia, sino una
contextualización histórica de un hombre, que el autor ha querido explorar en
sus problemas y frustraciones.
La capacidad literaria de Cueto es la de lograr
que la novela, aunque conserve los signos de la época, se transforme en la
historia de un ser humano en constante búsqueda de las respuestas a las
preguntas que lo atormentan.
Este «cuento de hadas al revés», inspirado por
un hecho real, nos presenta un hombre que decide perder todo lo que había
logrado en una realidad privilegiada para buscar algo que desconoce totalmente.
La vida burguesa y privilegiada de Adrián y las personas que caracterizan ese
mundo (por ejemplo, la mujer y las hijas, desde el exterior, son maravillosas
pero nos dan la impresión de ser siluetas sin contenido) cada vez lo satisfacen
menos, y por eso se encuentra ineluctablemente atraído a indagar algo que,
aunque esté caracterizado por el dolor y la pobreza, es real. “El dolor que mi
familia había fabricado y enterrado para mí como un tesoro antes de pedirme que
lo buscara, era mi única posesión en ese momento” (p. 272). No se trata de
simple curiosidad, sino de la necesidad de descubrir la verdadera cara de la
vida la que lleva al protagonista a sumergirse en el pasado y a enamorarse de
Miriam, esa mujer enigmática y silenciosa que el padre violó años antes. La
fascinación del protagonista por Miriam, que representa el pueblo de Ayacucho, puede
simbolizar la atracción hacia un mundo desconocido para él, un mundo que en
cierto sentido, obligará a Adrián a cambiar, a cualquier precio.
Y la exploración de ese mundo oscuro, siniestro
y doloroso no estará exento de consecuencias: le costará su matrimonio, su
reputación, su trabajo. Sin embargo, eso es precisamente lo que lo salvará de una
existencia sin sentido. Porque, mientras descubre su historia familiar, Adrián
va redescubriéndose a sí mismo.
Todo esto está narrado con un estilo maduro, el
estilo de un escritor seguro de su capacidad de tratar la ficción. La prosa de
Cueto, muy lejos de los excesos del lenguaje, es sobria y se adapta de manera ejemplar
a los distintos momentos de la narración. Es una prosa que, en su minimalismo y
esencialidad, varias veces ha sido comparada a la de Henry James o a la de
Raymond Carver, a las que el autor peruano añade una elegancia y precisión magistrales.
En conclusión, creo que La hora azul es un texto imprescindible para quienes quieran seguir
la trayectoria de la literatura peruana y latinoamericana actual, en la que Alonso
Cueto ha demostrado ser uno de los representantes más brillantes, gracias
también a esta interesesante novela, melancólica y envolvente.
Milena
Bertuzzo, 2006.