Ignacio
Ramonet, Fidel Castro. Biografía a dos
voces, Barcelona, Debate, 2006, 2ª edición, 655 páginas.
Fidel Castro Ruz (Birán, 1926), es uno de los
líderes políticos latinoamericanos y mundiales más famosos y controvertidos. Fidel
Castro es un personaje complejo, polémico, crítico y obstinadamente coherente
para defender sus ideas y su Revolución. Atrae y despierta curiosidad. Posee
una notable capacidad dialéctica y persuasiva que ha hecho correr ríos de tinta
desde que entró en la escena política de su país y del continente. Consecuencia
de ello, en cincuenta y tantos años de carrera política, ha concentrado la
atención de estudiosos, periodistas, académicos, etc. Pero no siempre Castro ha
suscitado consenso y la literatura sobre él y sobre la Cuba contemporánea es muy
variada y desigual. En ella, podemos hallar posiciones y sentimientos
encontrados, disímiles, contradictorios. En numerosas ocasiones, lo que nos ha
tocado leer sobre Cuba, Fidel y la Revolución ha dejado mucho que desear por la
inconsistencia con la cual se han afrontado los temas. Ha prevalecido, hasta la
fecha, una plétora de obras animadas por una visceral propaganda anticubana y
anticastrista. Esta vez, Ignacio Ramonet (Redondela, 1943), periodista y
académico hispano-francés, director de Le
Monde Diplomatique, uno de los críticos
más sólidos y serios de la globalización neoliberal, ha escrito una obra “sui
generis” que lleva por subtítulo Biografía
a dos voces, producto de cien horas de conversación con Fidel Castro. Este
libro ha dado un quiebre a todo lo anteriormente escrito y ha generado no pocas
polémicas de parte de algunos comentaristas de la derecha. La obra en cuestión
se presenta con características originales y trasciende las fronteras del
género biográfico. No estamos ante una biografía clásica, escrita con la distancia
del biógrafo y más que nada orientada en la revisión de las fuentes y de los
testimonios. Ramonet ha insistido, con muy buenos resultados, en el diálogo y
en el contacto personal. Mediante esta técnica, el diálogo resulta un elemento
central de construcción de la materia biográfica y es el biografiado quien se
narra, estimulado por las preguntas del biógrafo. Esto ha sido posible gracias
a la oralidad tan característica del líder cubano, el cual, ha colocado en un
lugar central la palabra. Entre Ramonet y Castro se establece un diálogo rico,
intenso, casi un contrapunteo que le confiere mucho ritmo al relato. El libro
inicia desde la narración de la infancia de Fidel y es allí donde realiza un
retrato de la familia, por lo que nos podemos adentrar en el entramado de
relaciones entre los Castro. El ambiente familiar está caracterizado por una
gran sobriedad pese a la buena posición social alcanzada por el padre de Fidel,
un gallego emigrado a Cuba durante la guerra hispano-americana y radicado en la
isla. Por el relato de Fidel, podemos conocer también los mecanismos de
movilidad social de algunos inmigrantes peninsulares en la Cuba de la época. Los años de
formación del futuro líder estuvieron caracterizados por un marcado sentido de
la rebelión a la autoridad. Prueba de ello son los constantes choques con los
curas de las escuelas de elite (salesianos y jesuitas) en las cuales estuvo
interno junto con sus hermanos. En ese contexto autoritario, dogmático y
carente de espacios de libertad se consolida una personalidad contestaria,
tendiente a poner en discusión puntos de vista con razonamientos y
cuestionamientos. El joven escolar sobresalía en los estudios y en el deporte a
pesar de su rebeldía en crecimiento. Los años universitarios en La Habana y los estudios en
Derecho fueron decisivos para su ingreso en la política activa. Eran años de
violencia política y social que se reflejaban en la Universidad y era
maciza la participación estudiantil en lucha contra la corrupción y el
desgobierno. La clase dirigente cubana oscilaba entre experiencias
dictatoriales y breves paréntesis tibiamente democráticos y reformistas. El
joven Castro pertenecía a las filas del Partido Ortodoxo liderado por Eduardo
Chibás, político opositor muerto suicida. Nada parecía vislumbrar aún su
compromiso con el socialismo y el marxismo. Podemos decir que en esos años,
Fidel navegaba en territorios reformistas y democráticos unidos a ideales de
justicia social. En ese período, Castro es un testigo de excepción en los
sucesos colombianos de 1948, conocidos como el “Bogotazo” en donde es asesinado
el prometedor líder liberal Jorge Eliécer Gaitán. Se planifica, asimismo, la
lucha contra la dictadura corrupta de Trujillo en la República Dominicana.
La coyuntura internacional de la posguerra representará para Fidel y sus
compañeros una suerte de ensayo para la organización más sistemática de la
lucha contra la dictadura de Batista. Es así como se prepara el núcleo
dirigente del Movimiento 26 de julio que será decisivo para la Revolución de
1959. Asistimos a la historización de Castro de la lucha contra el régimen
dictatorial. En su relato podemos ver cómo surgió y se organizó el frente de
lucha que aglutinó jóvenes sobre todo. En el Movimiento 26 de julio confluyeron
ideales libertarios, democráticos, de justicia social y antimperialistas. Hay
una gran afirmación y un gran deseo de restituir la libertad a Cuba dada su
condición de país condicionado fuertemente por la lógica de dominación
colonial. El asalto al Moncada es una prueba de fuerza y de resistencia que
permite a los jóvenes rebeldes de captar el consenso necesario para llevar a
cabo una lucha a gran escala. A pesar de haber fracasado por la desproporción
de fuerzas, es un golpe mediático y simbólico muy importante que se inserta en
el deseo de renovación del escenario político cubano. La breve estadía en
prisión, la amnistía y el exilio mexicano tendrán una fundamental importancia
para reorganizar la lucha. El país azteca, tradicional tierra de asilo para los
latinoamericanos, será un ambiente fecundo en encuentros: el coronel Alberto
Bayo y Ernesto Che Guevara. Ambos, desde experiencias políticas y existenciales
diferentes, darán una notable contribución al Movimiento. A partir de ese
momento y más adelante, el liderazgo de Fidel irá creciendo y consolidándose, también
en un papel de mediador entre las diversas corrientes presentes en el
Movimiento. La guerra revolucionaria será organizada en diversos frentes e irá
ganando adeptos en el campo y en la ciudad. No obstante la desproporción de
fuerzas, la guerilla será exitosa ya sea del punto de vista militar que de la
movilización y apoyo populares. Será breve y, como sabemos, se alcanzará el
objetivo de derrocar a la dictadura de Batista e iniciar un proceso de cambios
estructurales radicales. Y el proceso tendrá no pocas dificultades dados los
enemigos internos y externos, in primis, el gobierno estadounidense. En los
primeros momentos de construcción del proceso revolucionario, Castro manifestó
la voluntad de diálogo con Washington. Pero sabemos también cuán torpes fueron
las administraciones estadounidenses en sabotear el proceso. La crispación
causada por la coyuntura no hizo otra cosa que radicalizar el antimperialismo
de los cubanos. Fidel relata con mucha claridad los ánimos y la atmósfera
vivida en esos años en los cuales no faltaron las contradicciones y los
errores. Los asume tratando de explicarnos con fundamento sus razones. Por otra
parte, los primeros años proyectan la imagen del líder cubano a nivel mundial y
la Revolución
se convierte en meta obligada por parte de los intelectuales progresistas
latinoamericanos y europeos. La Revolución atrae consensos. Y también el disenso.
Resulta sumamente interesante ver las convicciones de Castro acerca del proceso
de liberación y de la construcción de un socialismo, atípico, “sui géneris” en
un contexto tan exasperante como el de la Guerra Fría.
Por otro lado, la capacidad de convocatoria y de movilización de su liderazgo
ha durado décadas y ha atravesado fases de extrema dificultad. La Cuba castrista presta mucha
atención a la política exterior y su presencia en los procesos de liberación
del continente es constante, a pesar de haber sido derrotados por la aplicación
de la siniestra “doctrina de seguridad nacional”. Mucha agua ha corrido bajo
los puentes en estos tiempos y la percepción de la actualidad que tiene Castro
está basada en una maciza información de los problemas mundiales y en ese
gusto por la crítica que ha manifestado siempre. Es también el resultado de una
eficaz capacidad comunicadora y argumental de Fidel cuando afronta los temas
personales y políticos. En esta obra, que definiríamos la mejor autobiografía
del líder cubano, viajamos paralelamente entre la biografía y la Historia. Es allí
donde radica su gran originalidad. Además estamos entre dos lecturas: la del
estudioso y la del líder político que historiza su vida mezclándola,
fundiéndola con los procesos transcurridos. Esta dialéctica hace muy eficaz la
lectura de esta obra y su fruición por parte del lector. Sin duda alguna, es
también la mejor biografía o historia del castrismo.
©Luis
Dapelo, 2007.