“Para mí la literatura es esencialmente el reino de la libertad”: entrevista con César Aira

por

Luis Dapelo

 

César Aira (Coronel Pringles, 1949) es uno de los escritores más interesantes y prolíficos de Argentina y América Latina. Su narrativa ha suscitado y suscita un gran interés de lectores y críticos por la riqueza de propuestas, la agudeza y esa eficaz manera de narrar. Aira es un escritor muy preocupado por el lenguaje, que ha sabido apostar por una prosa clara, transparente, prístina, la cual ha creado una relación muy estrecha, un sólido “pacto” con el lector. Esta ha sido una de las razones que han convertido a César Aira en un escritor de culto. En esta entrevista hemos afrontado numerosos temas con el fin de conocer mejor al que muchos han llamado “el secreto mejor guardado de la literatura”: César Aira.

 

 

Escritura, traducción, estilo

 

Luis Dapelo: Yo te descubrí a través de Carlos Fuentes porque en Geografía de la novela te citaba a vos, a Luisa Valenzuela, a Luis Rafael Sánchez y lo que más me llamó la atención fue tu apellido, Aira, muy musical, Aira, aire, etéreo, ¿será un pseudónimo?, ¿será un apellido normal?, pensé y entonces me dije: tengo que leer a este escritor. Luego transcurrió un poco de tiempo, compré algunas obras tuyas y se dio el descubrimiento. Entonces, lo que también despertó en mí la curiosidad fue tu biografía, que es muy escueta, muy sintética, y esto contribuye a mantener, sin duda, el misterio. Porque la biografía estándar de César Aira dice lo siguiente: nació en Coronel Pringles en 1949, se trasladó a Buenos Aires en 1967, trabaja como traductor y ha publicado muchas novelas.

 

César Aira: No va a pasar nada más... Hay que decir que ya no trabajo de traductor. Lo dejé hace tres años definitivamente. Hacía un tiempo que venía traduciendo cada vez menos y llegó el momento en que lo dejé del todo.

 

Luis Dapelo: ¿Por qué lo dejaste?

 

César Aira: Porque no lo necesitaba económicamente y siempre lo tomé como trabajo alimentario. Me especialicé en lo que los norteamericanos llaman commercial fiction, esas novelas que empiezan como best sellers, porque son más fáciles de traducir; los editoriales pagan lo mismo por lo malo que por lo bueno, y lo bueno siempre es más difícil. A partir de cierto momento, hace 5, 6, 7 años, empecé, sorpresivamente para mí, a ganar plata con mis libros, entonces cada vez era menos necesario hacer traducciones. Además, inicié a hacer traducciones para editoriales españolas, que pagaban mucho más que acá y  luego de la devaluación de nuestra moneda a mí me convenía mucho. Así que traduje unos cuantos libros pero ya mucho menos, dos libros por año, cuando antes traducía hasta diez libros por año, y poco a poco lo fui dejando. Estoy agradecido a la traducción porque fue mi trabajo de toda la vida, me gustó hacerlo, me gustaba mucho. De hecho, me extrañé cuando dejé de traducir, sentí nostalgia porque era un modo de organizarme la jornada. Nunca trabajé mucho, siempre lo hice por las mañanas, siempre estuve de cara a los libros, pero era como cumplir con un deber y quedarme con la conciencia tranquila. Cuando dejé de hacerlo, pues aquel día se me disgregó, pero ahora ya me he adaptado al dolce far niente.

 

Luis Dapelo: Hace poco, en una librería porteña, encontré un libro que yo buscaba en Italia pero que no estaba disponible por no se cuáles razones de mercado, que era el ensayo de Homi Bhabha, Los lugares de la cultura y que está traducido por vos.

 

 

César Aira: Sí, una de las ultimas traducciones que hice para una editorial de un amigo muy simpático. Me ofreció esto porque no había nadie que quisiera traducirlo y lo traduje a ciegas, fue la única vez que traduje sin entender absolutamente nada de lo que estaba traduciendo, aunque me dio la impresión de que Homi Bhabha es un farsante, escritura vaga, llena de palabras rarísimas que se van rearmando en las frases, de un modo que sugiere una cosa profunda, inteligente, que en realidad no significa nada, me parece.

 

Luis Dapelo: ¿Mucha retórica?

 

César Aira: Sí, mucha retórica del postestructuralismo, lo que sea, él se dedica más bien al postcolonialismo.

 

Luis Dapelo: Hay una tradición latinoamericana bastante sólida en el campo de la traducción literaria, en la cual se han dado numerosos casos de “escritores-traductores”, por ejemplo, Borges,  Cortázar, Novás Calvo, Pitol, etc., sólo por citar algunos. Me decía Sergio Pitol que a él le había disciplinado mucho el estilo, le había servido mucho para la ficción. ¿De qué manera ha influido la traducción en la escritura de César Aira?

 

César Aira: En mi caso, yo siempre pensé que a mí me hizo mal a mi estilo, porque las editoriales piden al traductor es algo correcto antes que nada, porque cuanto más correcto mejor. Yo me adapté a eso y mi prosa se hizo correcta, académica, quizás burocrática. A un cierto momento yo quise asalvajarla un poco, era como si me hubiese hecho el molde de esa sintaxis correcta, legible, clara y así sucesivamente. Mi experimentación literaria va por otro camino, no por el de la prosa, por lo tanto, esa prosa simple y transparente me sirve para hacer lo mío. A veces siento nostalgia cuando leo, por ejemplo, a Lezama Lima, porque yo no podría escribir así, esa prosa salvaje, rara, enredada, loca.

 

Biografía, desplazamientos, amistades: Buenos Aires

 

Luis Dapelo: En tu biografía hay una parte muy importante que es el traslado a Buenos Aires, en 1967, el descubrimiento de la gran urbe...

 

César Aira: Eso es algo clásico, que viene de muy lejos. En las novelas de Balzac ya estaba el joven del pueblo, de la aldea. Pringles es un pueblo chico, un pueblo donde casi se ha detenido el tiempo, y además la Argentina hay una gran centralización que se traduce en Buenos Aires. En todas partes sucede que existe una gran capital, pero acá me parece que mucho más porque en Buenos Aires hay todo. Pasé mi adolescencia en Pringles soñando con los cines, las librerías, los museos, las cosas culturales. Y efectivamente los primeros años fueron así, además fueron los años sesenta, en que había mucha efervescencia cultural: el Instituto Di Tella, la aparición de las Neovanguardias, el cine, había muchos cineartes, donde me iba todos los días. Había mucho arte, libros, muchas buenas librerías que ahora han desaparecido lamentablemente, había excelentes librerías francesas e inglesas, por la gran tradición anglófila y francófila. De hecho pasé años sin volver a Pringles. Ahora voy dos o tres veces por año.

 

Luis Dapelo: Fue muy importante, siempre en esta experiencia porteña, la compañía y la amistad de Arturo Carrera...

 

César Aira: Sí, él era un amigo de la infancia, nos hicimos juntos escritores ya en Pringles, nos vinimos juntos y estuvimos viviendo un año juntos en una residencia para estudiantes. Seguimos siendo amigos, esa es una bendición, es un don que no todo el mundo tiene, conservar un gran amigo de la infancia por años. Entonces, coincidíamos en los gustos, las inquietudes, las lecturas, era para mí complementario, un poeta nato, esa cosa volcánica, un poco irracional, desbordante; yo soy todo lo contrario, soy la razón encarnada, la prosa, él es la poesía. Así es como nos dividimos los campos y así seguimos.

 

Luis Dapelo: También fue fundamental para vos, por lo que contás, la amistad con Alejandra Pizarnik y con Osvaldo Lamborghini.

 

César Aira: Sí, bueno, en realidad con Alejandra no fui amigo íntimo porque yo era muy chico, la conocí cuando yo tenía dieciséis años creo, ella tenía cerca de treinta, ya volvía de París, de vuelta a lo malo, romántico, dramático, o sea, era una poeta poco legendaria, así que hubo una distancia pero fue muy importante para mí. Arturo fue mucho más amigo de ella porque fue un modelo de algo que ya no existe, el poeta, el escritor, como una figura misteriosa, romántica. Por aquel entonces no existía la televisión, los escritores no iban a la televisión. Se los veía hablando, un poco distantes, conservaban ese misterio y Alejandra lo tenía en grado sumo. Muchas veces me pregunto: ¿cómo es que los jóvenes, cómo pueden nacer vocaciones literarias entre los jóvenes si están viendo a los escritores en la televisión, las banalidades que dicen, la opinada política? Para mí fue necesario hacerles como modelos lejanos, un poco ocultos. Osvaldo fue otra cosa, fue una relación, aunque él era diez años mayor que yo, fue una relación más de igual a igual, fuimos amigos muy íntimos, yo he seguido trabajando con él, ahora, a 20 años de su muerte, está terminando de publicarse y yo soy algo así como el organizador de la obra. En poco tiempo va a salir una nueva edición de su saga novelística, corregida, mejorada, ampliada. Todavía quedan manuscritos y yo los tengo todos en casa para hacer un tomo posterior.

 

Los inicios del escritor César Aira

 

Luis Dapelo:. En el año 2005 se han cumplido treinta años de la publicación de tu primera novela, si no me equivoco.

 

César Aira: Sí, Ema, (Ema la cautiva, n.d.r.) fue en el...ah, no, eso fue Moreira. Moreira fue un libro que se imprimió y no se publicó en ese momento, el editor era una especie de lobo solitario, la editorial se llamaba Achával solo”, él se llamaba Achával, Horacio Achával. Él trabajaba como asesor en una editorial grande, un amigo llevó este libro mío, Moreira, a esta editorial donde lo rechazaron, pero Achával lo había leído, le gustó, y quiso publicarlo él, en su pequeña editorial. Lo hizo, me dio para corregir las pruebas, lo imprimió y faltaba hacer la tapa cuando se produjo el golpe del 76 y él se fue, creo al Uruguay. Luego estuvo desaparecido por varios años, hasta que yo me olvidé y pensé que el libro había desaparecido también. Pero después de publicar mi primera novela, Ema la cautiva, en el 81 creo, Achával había vuelto a la superficie, tenía los libros en un sótano y mandó a imprimir las tapas, o sea que no sé cuál es el mi primer libro.

 

Luis Dapelo: Digamos, sin pecar de arbitrarios, que fue en 1975. Yo quisiera, además, que esta entrevista fuera una especie de homenaje. Justamente, en un congreso realizado en Brown University, salió en la conversación, mientras se leía una ponencia, el fenómeno Aira”, la escritura de Aira, etc. Vos dijiste, a propósito de la escritura, en una entrevista que le concediste a Graciela Speranza, aparecida en el libro Primera persona: "Escribir es, más bien, tratar de disolver las experiencias personales, en rigor, no tenerlas o no haberlas tenido".

 

César Aira: No sé qué quise decir. No hay que pedirme cuenta de lo que digo, porque muchas veces me olvido. A veces digo algo solamente porque suena bien, para hacerme más inteligente, más ingenioso. Supongo que aquí lo que quise decir es que la experiencia del escritor, antes que disolver, no usaría esta palabra, trata de afantasmar las experiencias, pasarlas a otro estadio para que puedan volver, volver inclusive cuando uno se muere.

 

Escritura y realidad política

 

Luis Dapelo: ¿Cómo vivió tu escritura durante los años funestos y sórdidos de la dictadura? ¿Cómo el escritor César Aira percibió esos años, ese contexto, esa realidad?

 

César Aira: Yo me desilusioné mucho de la política en plena juventud, como todos, porque tenés veinte años, pero hubo un momento, antes del golpe del 76 en que me había apartado mucho de toda ilusión política, en realidad no lo recuperé nunca. En el 82, cuando volvió Alfonsín, lo voté, cuando volvió la democracia, quiero decir, pero me duró poco. Hubo como un corte en mí hacia el año 71-72 cuando estuve preso y terminé en el 75, por completo. Y en esos años, como tanta gente acá, hice una especie de exilio interior, me cerré. Para mí eso no fue difícil porque yo siempre he vivido y quiero seguir viviendo hasta que me muera en el mundo de los libros, que han sido mi consuelo, mi alegría, mi vida. Para mí no es difícil exiliarme en mi casa. Y así lo hice, aunque quise escribir sobre cuestiones políticas, sobre situaciones sufridas de la vida general, pero al final me parece oportunismo.

 

Luis Dapelo: Es decir que concebís esto como algo muy íntimo, muy personal. La percepción que tenés de la realidad o de la política, sólo te pertenece a vos y no tiene por qué trascender necesariamente.

 

César Aira: Sí.

Los géneros literarios

 

Luis Dapelo: Por lo que concierne los géneros, vos dijiste una vez que te resulta un poco extraño o casi inconcebible escribir una novela larga, porque tu producción tiende a la brevedad.

 

César Aira: De hecho, mis primeras novelas tenían una extensión más bien convencional, pasaban las doscientas páginas, algunas trescientas, casi cuatrocientas; después se fueron haciendo más cortas pero eso fue luego liberal. No sé por qué yo he racionalizado muchas cosas, aún tengo que explicármelo. Pero, en realidad, como todas las racionalizaciones pueden ser excusas, explicaciones, falsas, no sé bien por cuál razón, y ahora, desde hace muchos años no paso nunca de las cien páginas, sobre todo después de algunas maniobras tipográficas para agrandarlas.

 

Luis Dapelo: Con respecto al cuento, vos dijiste: "Debo tener algo genéticamente incompatible con el cuento, con el género". ¿Por qué?

 

César Aira: Eso puede haber sido una reacción al exceso del cuentos que hubo en la Argentina, por la influencia de Cortázar seguramente en todo el mundo, ahora quizás un poco menos. A mí el cuento nunca me gustó, el cuento sempre lo he encontrado como demasiado dependiente de la calidad, el cuento tiene que ser bueno, el cuento siempre está en un concurso de cuentos, hay que hacerlo bien, que cierre, que tenga una sorpresa, que esté perfecto. No sé, a mí no me gusta para nada, todo lo mío tiende más bien a una escritura laxa, más a ver qué pasa, más improvisada. Además, me gusta escribir sin saber muy bien dónde voy, o sea, todo va contra el cuento en mí. Y también la cuestión de la calidad, para mí la literatura es el reino esencialmente de la libertad, en la vida real no puedo hacer lo que quiero,  porque hay quien te lo impide. En la literatura sí puedo hacer lo que quiero, y a veces está incluído decidir mal. Y eso es lo que uno busca. El cuento es algo que tiene reglas que hay que seguir. Yo quiero escribir esto que escribo yo. Las mías no son novelas, relatos, novelitas, una narrativa libre que se puede terminar en cualquier momento o seguir.

 

Luis Dapelo: Es decir, recurriendo a la metáfora, ves en el cuento una especie de jaula y en la novela un terreno inmenso, o sea, libertad y desafío al mismo tiempo. A propósito de la realidad, una vez también declaraste que el mito personal consiste en que el escritor llegue a hacerse real en la realidad.

 

César Aira: No sé por qué habré dicho eso. Ahí hay cosas que sigo sosteniendo, uno puede ver a un verdadero escritor como una obra o un productor de libros, o que sean libros buenos o que sean libros buenísimos, pero al final no existe lo que se llama el mito del escritor. La realidad es otra cosa. Para mí siempre ha sido un problema tratar la cuestión de la realidad. Siempre he pensado que la realidad está al otro lado de un vidrio que no podía tocar. Creo que, inconscientemente en mi juventud y después quizás un poco más deliberadamente, la realidad es como un laboratorio personal para ver si yo también podía atravesar ese vidrio y llegar a tocarla mediante estas obras extrañas que hago, pero esas son todas fantasías.

 

Realismo, “verosímil”, fantástico: “escribir es higiénico, catártico...”

 

Luis Dapelo: Hay en tu obra una muy eficaz combinación entre realismo y fantasía.

 

César Aira: Sí, yo la fantasía la tomo de mis delirios internos pero también de lo que se llama habitualmente la cultura popular, la televisión, los dibujos animados, cómics, mitologías populares. En el trabajo de la narración pienso que es muy anticuado, muy estricto mantener un verosímil que no se rompa nunca, pasan las cosas más extrañas del mundo, siempre introduzco un modo para explicarlas. Soy un gran admirador y estudioso del surrealismo. A mí nunca me gustó esa acumulación a la que suele tender el surrealismo, esa acumulación de poner una al lado de otra distintas cosas extrañas. Para mí esas cosas tienen que unirse unas a otras causalmente, una tiene que ser la causa de la otra y la otra el efecto de la anterior. Es un trabajo casi artesanal que yo hago, en una novela se me ocurre una idea rarísima, que aparezca un caballo que vuela, entonces, ahí tengo que explicar porque no aparece nunca como en los sueños, escritura automática, no. Eso es lo que querría lograr. Por eso, mi escritor favorito sigue siendo, creo que es el escritor de mi vida, Lautréamont, una escritura anticuada, todo se va explicando, todo sigue ahí, pulpos de acero que atacan a las niñitas. No porque sí.

 

Luis Dapelo: Yo veo en esto una dialéctica muy eficaz entre realismo y fantasía.

 

César Aira: No es realismo sino verosímil, donde se crea una fantasía y el lector acepta un contrato "Lo voy a creer porque está bien explicado" y a partir de ahí se puede dejar volar la fantasía.

 

Luis Dapelo: “Escribir es higiénico, es catártico, y hay que resignarse a ser escritor”, César Aira dixit.

 

César Aira: ¿Sí? Uf, cuando me piden cosas que he dicho... Higiénico... Para mí ha sido, bueno, a parte de mi vida... Escribo porque me gusta, escribo todos los días. Catártico... No sé, hay algo que cumplir con un destino, sobre todo dejar algo, darle al mundo algo que el mundo no tenía antes que uno viniera y  seguramente ese es el fin de esas paginitas que escribo todos los días. Es como si cumpliera con un deber y lo cumplo con gusto. Las paginitas pueden resultar obvias, trilladas y viejas, pero queda la alegría de la creación, de haber dicho algo, de sentir satisfacción. A veces no sale bien, pero ¿qué importa?

 

Luis Dapelo: O sea que no estás de acuerdo, no coincidís con la idea de creación como resultado del furor, de los demonios, fantasmas como detonantes de la escritura...

 

César Aira: A veces hay que esperar un poco a las ideas. Con el tiempo, yo me he acostumbrado a ver que hay que esperar a las ideas. Yo escribo muy poquito, todos los días, no puedo escribir mas de una página, una hora o un poco menos de una hora y es como si se cerrara una válvula y tengo que esperar al dia siguiente para que siga viniendo. Muchas veces me quedo, un trago y no lo combato, no hago fuerza, espero simplemente que venga y siempre viene.

 

El humor, la ironía, la burla, sus efectos

Luis Dapelo: El humor es uno de los temas que aflora siempre en tu narrativa y que ha creado siempre un efecto en la escritura de tus novelas. Una vez declaraste también que tratás de narrar, de contar, de escribir cosas dramáticas, ver el  lado dramático de la vida y que te sale el humor, ¿verdad? Me atreveria a hacer una especie de paralelo entre el efecto de César Aira y el efecto tambien de Bryce Echenique, en el sentido de que Bryce utiliza el humor para que duela menos, no? O sea, el recurso del humor como defensa para que las cosas no aparezcan con todo el peso del drama. Según lo que he podido percibir, en César Aira es algo muy espontáneo.

César Aira: Sí, espontáneo, casi te diría en contra de mis mejores intenciones. El año pasado quise poner en claro ese asunto y escribí una novelita que se titula Cómo me reí. Porque esa es la frase que me repiten todos los que han leído un libro mío. La primera cosa que me dicen, claro para elogiarme, es “Cómo me reí”. Y, a lo largo de los años, ha terminado molestándome. Y escribí esa novelita en contra de la gente que me dice “Cómo me reí”, leyendo tus novelas. No sé, me sale así, como si fuera un porcentaje en ese humor, un porcentaje alto de otra cosa que es la ironía, ironía a la inglesa aprendida de Borges, como modo de poner una distancia, aun cuando no la hay. La ironía como cortesía.

 

Luis Dapelo: Hay rasgos de esa ironía que se traducen en comicidad, en lo grotesco.

 

César Aira: Sí, tengo que reconocerlo. Porque, a veces, cuando me quejo mis amigos me dicen en.esa parte de tal novela donde haces tal cosa nos hizo reír. Entonces sí. Es como el gusto por el grotesco, por llevar la intención, más allá de la intención mía. Yo me he resignado a eso.

 

Luis Dapelo: A veces también se percibe a César Aira como un gran burlón. ¿Me equivoco?

 

César Aira: No tanto... Yo pienso que hay mucha gente que se merece la burla, pero eso no lo van a aceptar nunca. Yo nunca me burlaría de las cosas que me importan realmente como la literatura, por ejemplo, como Borges. No haría chistes sobre Borges, sobre Sabato sí, Borges no me molesta. No creo que sea una cosa de burla. La burla tiene algo de, no sé, de desdén, de superioridad, yo siempre he tratado de evitarlo. Nunca he podido soportar esa actitud de superioridad a la Bioy Casares. Hay algo que no acepto... Siempre he pensado que una de las cosas más dañinas para la literatura, para lo literario de la literatura, es el desdén. Me parece que el escritor tiene que acercarse a su materia con amor, nunca mirarla de lejos, nunca examinarla, tiene que fundirse, como decía la tesis famosa de Lukács sobre el realismo, ¿no? Tolstoi o Balzac eran realistas auténticos porque estaban en el centro de la realidad, la realidad fluía de ellos. En cambio, Zola no era un realista auténtico porque él estaba lejos, examinaba la realidad como un científico que la mira con el microscopio.

 

Literatura, escritores, lectores y mercado

 

Luis Dapelo: Yo me atrevería a definir a César Aira como un escritor transatlántico que está presente en España y en Europa. Hay, me parece, una suerte de nuevos espacios para el diálogo entre Argentina, América Latina, España y Europa ¿verdad?

 

César Aira: En estos últimos años, sí. España se alejó mucho de Hispanoamérica después del Boom que fue como un exceso, se saturaron. Hubo un lapso, como veinte años, en que se cerraron sobre sí mismos, que coincidió también con la democracia en Espana, el boom cultural y económico. Y ahora, en estos últimos 5,6,7 años han vuelto a interesarse por los hispanomericanos. De hecho, casi un poco demasiado, ¿no? Catálogos, editoriales... Hoy en día, las grandes editoriales españolas están llenas de latinoamericanos y... ¿los argentinos? En otros países hispanoamericanos también tenemos como un plus, hay como una tradición de elegancia, de refinamiento argentino que nos daba un cierto resalto. No me siento para nada cerca de corrientes, grupos de escritores, de tipos más bien internacionales como Bolaño, Vila-Matas, Villoro.

 

Luis Dapelo: Los “crack” mexicanos...

 

César Aira: Sí, no sé si los “crack” tienen más una localización mejicana, pero no me gusta nada que me pongan en esas listas. De hecho, en muchos años pensé que era un escritor argentino para argentinos, y fuera de nuestro sobrentendido, de nuestra mitología, no me iban a poder entender para nada, quizás no me entiendan. De cualquier modo, el malentendido es una parte importante de la literatura, el malentendido nunca hay que subestimarlo.

 

Luis Dapelo: Digamos que, segun mi opinión, es inevitable, con los efectos de la globalizacion, no llegar a otros lugares, nos guste o no, lo querramos o no. Regresando al tema del mercado editorial, tu obra está publicada por una miríada de editores, editores argentinos, españoles, etc. Dijiste una vez que cuando te venían a buscar, cuando se estaban creando iniciativas editoriales, vos tenías una novela lista, o algo por el estilo.

 

César Aira: Sí, siempre tengo algo. La primera editorial que me dejó publicar acá fue Emecé. Yo prefiero publicar para editoriales pequeñas, en esa que se formó en Rosario: la editorial Beatriz Viterbo.

 

Luis Dapelo: Es una estupenda editorial, con un muy buen catálogo de ensayos, por ejemplo.

 

César Aira: Yo soy un poco el padrino de la editorial porque han empezado con un libro mío y van a terminar con un libro mío. Allí me siento cómodo porque hay como menos responsabilidad, la literatura y mis novelas nunca las pensé en términos de plata, como mi trabajo. La literatura es una cosa gratuita y nunca tuve ni un asomo de pensamiento en ese sentido, así que me parecía perfecto. También me gustaba el hecho de que estos libros, en estas pequeñas editoriales son dificiles de conseguir. Para mí un libro tiene esa maravillosa cortesía que no tienen los productos de la cultura popular que van así a la gente. Un libro está ahí, en un rincón de la librería, esperando, puede esperar cien años, va a seguir ahí, cubierto de polvo, pero va a seguir esperando y quien quiere encontrarlo lo va a encontrar, como yo he encontrado a todos los escritores que he amado. En Emecé yo trabajé hace muchos años como traductor. Bueno, me puse a publicar ahí. Seguì publicando en Emecé hasta que la editorial se vendió y después mi pequeño prestigio había crecido lo suficiente como para que cualquier editorial aceptara un libro mío. Entonces tuve la fantasía de tener un libro publicado en cada editorial grande, como Tusquets - me gustaban estos libros negros, tan elegantes - Anagrama, algunas editoriales mejicanas y después terminé haciendo un acuerdo formal con Mondadori-España que ahora es mi editorial oficial, pero mantengo acá, en Argentina, mi completa libertad para seguir con las pequeñas editoriales. Eso lo hago gratuitamente en Beatriz Viterbo como en muchas otras. Ahora he publicado un par de novelitas ahí. Se está formando una editorial de unos chicos amigos míos y les he dado una novelita. De hecho, en estos últimos años, con Mondadori hemos hecho un acuerdo según el cual van a sacar una novela por año, es decir, un año publicarán una reedición de una de estos libros que tengo acá y el próximo una nueva. Siento que mis novelas se van haciendo cada vez más cortas y cada vez más delirantes. Estuve hablando con el director de una editorial grande y le dije “mirá que va a ser muy cortita y muy loca”... Si él la quiere, bien. Pero sigo sintiendo más libertad, menos responsabilidad con estas pequeñas editoriales.

 

Luis Dapelo: Por una parte has encontrado, según mi opinión, una precisa colocación en el mercado. Pero, por otra, es decir, del punto de vista de la circulación, hay problemas con las editoriales pequeñas, puesto que, a mí me cuesta mucho encontrar novelas tuyas que me faltan por leer; en cambio, con otras editoriales medianas o grandes las encuentro. Sí, has encontrado esa libertad de publicar con quien quieras, y esto es muy importante porque corresponde a tus deseos, a tu posición de escritor, pero creo que hay un problema de circulación fundamentalmente.

 

César Aira: Eso no creo que sea un problema. Para mí no es un problema. Muchas veces, lo primero que me han dicho, sobre todo los periodistas, cuando voy a España todos los años a hacer las presentaciones de mis libros, que me agradecen que mis libros sean tan breves y tan legibles. Tal vez lo han leído la noche anterior. Porque cuando va un escritor a una ciudad y la editorial manda el libro a las redacciones de diarios y revistas, algún secretario de redacción le da el libro a un periodista y le dice: “léelo y vas mañana o la semana que viene a hacerle una entrevista.” Muchas veces el libro es un libro enorme, dificil de leer, y el periodista sufre. Leen las primeras 20 páginas, las 20 últimas y luego hacen una serie de preguntas. Conmigo no tienen ese problema porque un libro mío tiene generalmente 80 páginas. O sea que voy descubriendo ahí con mis lectores una gran facilidad de lectura. Pero, por otro lado, se las hago difícil escondiendo mis libros.

 

Luis Dapelo: Exacto. Y yo creo que has logrado un buen pacto con el lector en el sentido de la fruición, a pesar de toda la complejidad que hay detrás. Aparentemente César Aira es accesible, pero hay muchas cosas y se da una suerte de juego de apariencias, ¿no? Porque un lector que de primera impresión dice “Ah, me gustó mucho Aira, lo leí todo de cabo a rabo” y otro lector, por ejemplo, que dice: “Ah, me gustó tanto Aira, lo leí de cabo a rabo pero, pero, pero ...” Entonces, yo creo que tu literatura ha conseguido eso.

 

César Aira: Puede ser...

 

Luis Dapelo: Lectores que se van haciendo...

 

César Aira: Mis lectores sempre han sido pocos. Nunca han hecho masas de público, siempre han sido individuos, y siendo poquitos, esos poquitos toman una actitud de coleccionistas. Por ejemplo, me decía un amigo venezolano que lee mis libros con mucho entusiasmo, que ha vivido en la casa de Pitol, y Pitol tiene un estante con los libros, muy orgulloso, dice que los tiene todos. Este amigo, los estuvo mirando, y le dijo: “yo tengo más”...

 

Espacios de la narración: “transterritorialidad”

 

Luis Dapelo: Los espacios en tu narrativa. Creo que hay una pluralidad de espacios y me viene a la mente Varamo y Panamá, otras novelas que están ambientadas en tu barrio, en Buenos Aires, en Pringles y también El congreso de literatura en Venezuela. ¿Cómo es el tratamiento del espacio en las novelas de César Aira?

 

César Aira: Esas son aguas profundas para mí. No sé. Muchas de mis novelas han sido escritas con una intención de homenaje, homenaje a lugares que quiero, a gente que quiero, que he querido. El barrio mío de Flores, donde vivo desde hace 40 años se me ha vuelto muy entrañable y lo he querido homenajear con libros, homenajear sectores, lugares, personajes del barrio, horas. Por ejemplo, hasta en Las Noches de Flores, esas noches de primavera en Flores... Me sentía un poco en deuda con Pringles y la fui saldando porque todas mis últimas novelas han sido un retorno a la infancia. Quizás sea un efecto de la edad, uno vuelve cada vez más atrás. He escrito varias novelitas sobre Pringles o ambientadas en Pringles. Otro, por ejemplo, Panamá, escribí tres novelas ambientadas en Panamá donde nunca estuve, salvo en el aeropuerto, pero no salí, la vi desde arriba. Yo creo que es un poco como crear un teatro donde pueda funcionar una pura ficción como la China y por eso escribí Una novela china y nunca estuve allí. Son espacios de pura ficción, de pura invención, donde puede pasar cualquier cosa. En los lugares que conozco también puede pasar cualquier cosa. Yo no lo pienso mucho. El punto de partida, si es deliberado, es una intención de homenaje, sobre todo a algo que he perdido, alguien que quise y que se fue de mi vida.

 

Luis Dapelo: ¿Acaso es una recuperación de la nostalgia?

 

César Aira: Y cuando no es deliberado es cuando viene una idea que cae out of the bluest sky, que sale uno no sabe de dónde, y de ahí voy.

 

Autobiografía, literatura

 

Luis Dapelo: ¿Qué significa lo autobiográfico en tu obra?

 

César Aira: Sí, a veces me he preguntado, todo es autobiográfico. Si un escritor, un novelista escribe:“un personaje abrió la puerta”, eso es autobiográfico porque uno ha tenido la esperiencia de abrir una puerta y sabe de qué se trata. Prácticamente todo es autobiografía disfrazada o desclasada, ¿no? Se da de página a página por mi modo de escritura, mi método. Porque yo escribo todos los días una página y en esa página suelen aparecer cosas que me están pasando, día a día. Eso es uno de los desafíos que más me gustan: dejar entrar algo que no estaba previsto; algo que me ocurrió o que vi, o que vi en la televisión o que leí en un libro. Y, en algunas ocasiones, no tiene nada que ver con la trama de lo que vengo escribiendo pero entra igual y ahí el desafío es hacerlo entrar bien, sin exclusiones. Se filtra, pero tenés una causa para eso, y que eso produzca un efecto. Entonces eso es lo que le da ese carácter un poco sinuoso a mis argumentos que nunca van en línea recta porque van entrando cosas. Hay  mucho de autobiográfico. Yo, a veces, no pienso contar una anécdota, algo que me ha pasado, en un viaje o cualquier cosa a un amigo, y digo pero eso está en un libro, y me he olvidado, y digo sí, entra todo .

 

Imágenes, lo visual

 

Luis Dapelo: Otro efecto de tu escritura es lo visual. La encuentro muy visual.

 

César Aira: ¡Sí! Eso es así....Esa prosa clara, neutra que yo tengo, quiero hacerla lo más transparente posible, para que se vea. Ésta es la idea mía, la intención mía con respecto del lector, ¿no? Que el lector vea lo que yo ví en mi fantasía. Hacer la frase lo más clara posible, lo más precisa posible para que se vea exactamente lo que yo ví, porque mi imaginación funciona evidentemente de un modo visual, veo imágenes y esas imágenes van ahí.

 

Luis Dapelo: Entonces le das una gran importancia a la imagen.

 

César Aira: Totalmente sí. Yo lo voy viendo todo en imágenes; a veces me paso un buen rato pensando y me digo: “no, el lector no se va a dar cuenta exactamente de cómo es” y entonces agrego cosas, más detalles, más colores.

 

Luis Dapelo: La precisión...

 

César Aira: Sí, sí, para que lo vea exactamente, y a veces me paso porque el lector no necesita tanto. Su imaginación puede trabajar muy bien.

 

Literatura latinoamericana, Boom y otros temas

 

Luis Dapelo: ¿Qué opina César Aira de la literatura latinoamericana contemporánea?

 

César Aira: Bueno, yo escribí, no sé si lo sabrás, un diccionario de literatura.

 

Luis Dapelo: Sí, lo tengo.

 

César Aira: Latinoamericana, pero no es contemporánea. Me detuve en escritores nacidos hasta el año 30 y ahí encontré un tesoro, es una de las grandes literaturas. Las grandes literaturas del mundo son la francesa, la inglesa y la latinoamericana. No sé por qué, en realidad a mí no me gusta esa actitud que tienen muchos lectores de leer lo nuevo que apareció ahora. No le doy la ventaja a eso. Hay tanta literatura excelente del pasado para leer. ¿Por qué están tan pendientes de lo que está apareciendo ahora? Y además los buenos escritores, los realmente buenos son rarísimos, que aparezca uno cada 50 años, ya podemos darnos como muy satisfechos. Ahora estaba pensando, porque voy a Brasil a dar una charla sobre literatura latinoamericana y estaba preguntándome qué escritores realmente buenos he descubierto en estos últimos años. Cito al uruguayo Levrero, al chileno Couve y al brasileño Danton Trevisán, que es un viejo favorito mío. Levrero y Couve también se murieron jóvenes. Eso de descubrir un genio todas las semanas es una cosa de los periodistas, hay que tener paciencia. Leer a todo Borges, a todo Lezama Lima; leerlos bien, releerlos, apreciarlos, yendo a las librerías, todos los días...

 

Luis Dapelo: ¿Qué es el Boom para César Aira?

 

César Aira: El Boom yo lo viví de cerca en el período que apareció. O sea yo compré Cien años de soledad la semana que salió y estuve muy entusiasmado con mis 18-20 años con eso. Una fase que duró muy poco. Y no era tan buena como creía, por lo que me desilusioné de casi todos ellos. Pero no sé si habrá hecho bien o mal al marketing, porque es una carga un poco pesada...

 

Luis Dapelo: En realidad,  el Boom me parece que dio un gran impulso, a pesar de lo que vos decís de la carga del marketing. Fue un gran impulso para la circulación de la literatura latinoamericana, ¿verdad? Y es una de las virtudes de este fenómeno, porque muchos lo han visto exclusivamente como un fenómeno comercial. Lo cual es cierto, pero también significa un fenómeno que da mucha renovación, una sacudida a lo que se percibía y leía como narrativa.

 

César Aira: Sí, puede ser. En un momento, en los años 60, fue importante. No tengo gran cosa que decir de eso porque ya te lo dije. Me desilusioné mucho con Cortázar que hoy en día casi me da vergüenza leer. Pensar que yo admiré tanto eso. De los que aprecio más está Onetti. Cuando me puse a leer en serio a Faulkner, se me abrieron otras perspectivas.

 

Luis Dapelo: Aunque esta gran influencia, este gran abrazo faulkneriano, esta aura faulkneriana está presente en gran parte de los escritores del Boom...

 

César Aira: Por ejemplo, hay escritores que nunca me gustaron como Rulfo. Casi exactamente lo que me no me gusta es el escritor que escribe un par de libritos, bien pulidos, bien corregidos y vive todo el resto de su vida del prestigio de estos libritos. Me parece que es una falta de generosidad. Un escritor tiene que seguir escribiendo sobre todo cuando empieza a escribir mal, cuando empieza a decaer, es allí cuando se ve su jerarquía. Eso de cuidar el prestigio no me parece y, de hecho, mucho de lo que yo he escrito ha sido para tratar de destruir al prestigio. Cuando homenajean algo, inmediatamante voy a escribir al revés.

 

Ensayos, conclusiones

 

Luis Dapelo: Bien, voy a hacerte una última pregunta y te agradezco infinitamente por la generosidad de haberme concedido esta entrevista. Volviendo a los géneros, quisiera saber algo más sobre tu relación con el ensayo, puesto que eres también un escritor de ensayos. ¿Por qué no has continuado a escribir ensayos?

 

Cèsar Aira: No, sigo escribiendo poco, pero escribo. Empecé a escribir más sistemáticamente ensayos en el momento en que me di cuenta de que mis novelas estaban un poco cargadas de reflexiones ensayísticas, y eso no me gusta. Entonces pensé que escribiendo ensayos, que fueran propiamente ensayos, iba a liberar mis novelas y hacerlas más narrativas, más pura y simplemente narrativas. Y yo soy gran lector. Como es mi actividad básica, esencial siempre he querido escribir sobre el libro, siempre he escrito y tomado notas. Y cuando escribo un ensayo, no sé si le pasará a todo el mundo pero para mí es infalible, siento que alguien está mirando por encima de mi hombro. Tengo que cuidar lo que hago, decirlo bien, decir verdades, no equivocarme y siento mucho eso cuando termino el ensayo y vuelvo a una novela, allí sí que puedo decir cualquier cosa, puedo equivocarme, siento como una liberación. Pero ahora sigo intentándolo. Casi todos los años estoy publicando un librito de ensayos y escribo algunos artículos también. Cuando voy a congresos, reuniones escribo una ponencia, y escribo mucho para mí; notas de lectura pero no he logrado hacerlo más, darle más continuidad. Quizás por eso, porque me siento que estoy haciendo algo que no es lo mío, no he logrado esa fluidez que creí que iba a lograr ejercitándome. Sigue costándome trabajo, sigo sintiendo ese profesor que me está mirando y que me está vigilando.

 

Luis Dapelo: Yo te agradezco infinitamente César. Tengo muchas más dudas e interrogantes que yo creo que con el tiempo las vamos a poder aclarar y esta conversación me ha causado realmente un gran placer.

 

César Aira: De nada. El placer ha sido todo mío.

 

©Luis Dapelo, 2006.

Transcripción de Elisabetta Callegari y Bianca Pongiglione.

 

 

 

 

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