“Para
mí la literatura es esencialmente el reino de la libertad”: entrevista con
César Aira
por
Luis Dapelo
César
Aira (Coronel Pringles, 1949) es
uno de los escritores más interesantes y prolíficos de Argentina y América
Latina. Su narrativa ha suscitado y suscita un gran interés de lectores y
críticos por la riqueza de propuestas, la agudeza y esa eficaz manera de
narrar. Aira es un escritor muy preocupado por el lenguaje, que ha sabido
apostar por una prosa clara, transparente, prístina, la cual ha creado una
relación muy estrecha, un sólido “pacto” con el lector. Esta ha sido una de las
razones que han convertido a César Aira en un escritor de culto. En esta
entrevista hemos afrontado numerosos temas con el fin de conocer mejor al que
muchos han llamado “el secreto mejor guardado de la literatura”: César Aira.
Escritura, traducción,
estilo
Luis Dapelo: Yo te descubrí a través de Carlos Fuentes
porque en Geografía de la novela te citaba a
vos, a Luisa Valenzuela, a Luis Rafael Sánchez y lo que más me llamó la atención fue tu apellido, Aira, muy
musical, Aira, aire, etéreo, ¿será un
pseudónimo?, ¿será un apellido normal?, pensé y
entonces me dije: tengo que leer a este escritor. Luego transcurrió un poco
de tiempo, compré algunas obras tuyas y se dio el descubrimiento.
Entonces, lo que también despertó en mí la curiosidad
fue tu biografía, que es muy escueta, muy sintética, y esto contribuye a mantener, sin duda, el misterio. Porque
la biografía estándar de César Aira dice lo siguiente: nació en Coronel
Pringles en 1949, se trasladó a Buenos Aires
en 1967, trabaja como traductor y ha publicado muchas novelas.
César Aira: No va a pasar nada más... Hay que decir que ya
no trabajo de traductor. Lo dejé hace tres años definitivamente. Hacía un tiempo que venía traduciendo cada vez menos y
llegó el momento en que lo dejé del todo.
Luis Dapelo: ¿Por qué lo dejaste?
César Aira: Porque no lo necesitaba económicamente y
siempre lo tomé como “trabajo alimentario”. Me especialicé
en lo que los norteamericanos llaman commercial fiction, esas novelas que empiezan como best sellers,
porque son más fáciles de traducir; los editoriales pagan lo mismo por lo malo
que por lo bueno, y lo bueno siempre es más difícil. A partir de cierto momento,
hace 5, 6, 7 años, empecé, sorpresivamente para mí, a ganar plata con mis
libros, entonces cada vez era menos necesario hacer traducciones. Además, inicié a hacer traducciones para editoriales españolas,
que pagaban mucho más que acá y luego de la devaluación de nuestra
moneda a mí me convenía mucho. Así que traduje unos cuantos libros pero ya mucho menos, dos libros por año, cuando
antes traducía hasta diez libros por año, y poco a poco lo fui dejando. Estoy
agradecido a la traducción porque fue mi trabajo de toda la vida, me
gustó hacerlo, me gustaba mucho. De hecho, me extrañé
cuando dejé de traducir, sentí nostalgia porque era un modo de organizarme la
jornada. Nunca trabajé mucho, siempre lo hice por las mañanas, siempre estuve de cara a los libros, pero era como cumplir
con un deber y quedarme con la conciencia tranquila. Cuando dejé de hacerlo, pues aquel día se me disgregó, pero ahora ya me he
adaptado al dolce far niente.
Luis Dapelo: Hace poco, en una librería porteña, encontré un libro que yo buscaba en Italia
pero que no estaba disponible por no se cuáles razones
de mercado, que era el ensayo de Homi Bhabha, Los
lugares de la cultura y que está traducido por vos.
César Aira: Sí, una de las ultimas traducciones que hice
para una editorial de un amigo muy simpático.
Me ofreció esto porque no había nadie que quisiera traducirlo y lo traduje a
ciegas, fue la única vez que traduje sin entender absolutamente nada de lo que
estaba traduciendo, aunque me dio la impresión
de que Homi Bhabha es un farsante, escritura
vaga, llena de palabras rarísimas que se van rearmando en las frases, de un modo que
sugiere una cosa profunda, inteligente, que en realidad no significa nada, me
parece.
Luis Dapelo: ¿Mucha
retórica?
César Aira: Sí, mucha retórica del postestructuralismo, lo que sea, él se dedica más bien al postcolonialismo.
Luis Dapelo: Hay una tradición latinoamericana bastante
sólida en el campo de la traducción literaria, en la cual se han dado numerosos casos de “escritores-traductores”, por
ejemplo, Borges, Cortázar, Novás Calvo, Pitol, etc.,
sólo por citar algunos. Me decía Sergio Pitol que a él le había
disciplinado mucho el estilo, le había servido mucho para la ficción. ¿De qué manera ha influido la traducción en la escritura de
César Aira?
César Aira: En mi caso, yo siempre pensé que a mí me hizo
mal a mi estilo, porque las editoriales piden al traductor es algo
correcto antes que nada, porque cuanto más correcto mejor. Yo me adapté a eso y mi prosa se hizo
correcta, académica, quizás burocrática. A un cierto
momento yo quise asalvajarla un poco, era como si me hubiese hecho
el molde de esa sintaxis correcta, legible, clara y así sucesivamente. Mi experimentación literaria va por otro camino,
no por el de la prosa, por lo tanto, esa prosa
simple y transparente me sirve para hacer lo
mío. A veces siento nostalgia cuando leo, por ejemplo, a Lezama Lima, porque yo
no podría escribir así, esa prosa salvaje, rara, enredada, loca.
Biografía,
desplazamientos, amistades: Buenos Aires
Luis Dapelo: En tu biografía hay una parte muy importante
que es el traslado a Buenos Aires, en 1967, el descubrimiento de la gran urbe...
César Aira: Eso es algo clásico,
que viene de muy lejos. En las novelas de
Balzac ya estaba el joven del pueblo, de la aldea.
Pringles es un pueblo chico, un pueblo donde casi se ha detenido el tiempo, y además
Luis Dapelo: Fue muy importante, siempre en esta
experiencia porteña, la
compañía y la amistad de Arturo Carrera...
César Aira: Sí, él era un amigo de
la infancia, nos hicimos juntos escritores ya
en Pringles, nos vinimos juntos y estuvimos viviendo un año juntos en una
residencia para estudiantes. Seguimos siendo
amigos, esa es una bendición, es un don que no todo el mundo tiene, conservar
un gran amigo de la infancia por años. Entonces, coincidíamos
en los gustos, las inquietudes, las lecturas, era para
mí complementario, un poeta nato, esa cosa volcánica, un poco
irracional, desbordante; yo soy todo lo contrario, soy la razón encarnada, la prosa, él
es la poesía. Así es como nos dividimos los
campos y así seguimos.
Luis Dapelo: También fue fundamental para vos, por lo que contás, la amistad con Alejandra Pizarnik
y con Osvaldo Lamborghini.
César Aira: Sí, bueno, en realidad
con Alejandra no fui amigo íntimo porque yo era muy chico, la conocí cuando yo
tenía dieciséis años creo, ella tenía cerca de treinta, ya volvía de París, de
vuelta a lo malo, romántico, dramático, o sea, era una poeta poco legendaria,
así que hubo una distancia pero fue muy importante para mí. Arturo fue mucho
más amigo de ella porque fue un modelo de algo que ya no existe, el poeta, el
escritor, como una figura misteriosa, romántica. Por
aquel entonces no existía la televisión, los escritores no iban a la televisión. Se los veía hablando, un poco distantes,
conservaban ese misterio y Alejandra lo tenía en grado sumo. Muchas veces me
pregunto: ¿cómo es que los jóvenes, cómo pueden nacer vocaciones literarias
entre los jóvenes si están viendo a los
escritores en la televisión, las banalidades que dicen, la opinada política?
Para mí fue necesario hacerles como modelos lejanos, un poco ocultos.
Osvaldo fue otra cosa, fue una relación, aunque él era diez años mayor que yo,
fue una relación más de igual a igual, fuimos amigos muy íntimos, yo he seguido
trabajando con él, ahora, a 20 años de su
muerte, está terminando de publicarse y yo soy algo así como el organizador de la obra. En poco
tiempo va a salir una nueva edición de su saga novelística, corregida,
mejorada, ampliada. Todavía quedan manuscritos
y yo los tengo todos en casa para hacer un
tomo posterior.
Los inicios del
escritor César Aira
Luis Dapelo:. En el año 2005 se han cumplido treinta años de la publicación de tu primera novela, si no me
equivoco.
César Aira: Sí, Ema, (Ema la cautiva, n.d.r.)
fue en el...ah, no, eso fue Moreira.
Moreira
fue un libro que se imprimió y no se
publicó en ese momento, el editor era una especie de lobo solitario, la editorial se llamaba “Achával solo”, él se llamaba
Achával, Horacio Achával. Él trabajaba como asesor en una editorial grande, un amigo
llevó este libro mío, Moreira, a esta
editorial donde lo rechazaron, pero Achával lo había leído, le gustó, y quiso
publicarlo él, en su pequeña editorial. Lo hizo, me dio para corregir las pruebas, lo imprimió y faltaba
hacer la tapa cuando se produjo el
golpe del 76 y él se fue, creo al Uruguay. Luego
estuvo desaparecido por varios años, hasta que yo me olvidé y pensé que el
libro había desaparecido también. Pero después
de publicar mi primera novela, Ema la cautiva, en el 81 creo, Achával había
vuelto a la superficie, tenía los libros en un sótano y mandó a imprimir las tapas, o sea que no sé cuál
es el mi primer libro.
Luis Dapelo: Digamos, sin pecar de arbitrarios, que fue en 1975. Yo quisiera, además, que esta
entrevista fuera una especie de homenaje.
Justamente, en un congreso realizado en Brown University, salió en la conversación, mientras
se leía una ponencia, el “fenómeno
Aira”, la escritura de Aira, etc. Vos dijiste, a
propósito de la escritura, en una
entrevista que le concediste a Graciela Speranza, aparecida en el
libro Primera persona: "Escribir
es, más bien,
tratar de disolver las experiencias personales, en rigor, no tenerlas o no haberlas
tenido".
César Aira: No sé qué
quise decir. No hay que pedirme cuenta de lo
que digo, porque muchas veces me olvido. A veces digo algo solamente porque suena bien,
para hacerme más inteligente, más ingenioso. Supongo que aquí lo que quise decir
es que la experiencia del escritor, antes que disolver, no usaría esta palabra, trata
de afantasmar las experiencias, pasarlas a otro estadio para que puedan volver,
volver inclusive cuando uno se muere.
Escritura y realidad
política
Luis Dapelo: ¿Cómo vivió tu
escritura durante los años funestos y sórdidos de la dictadura? ¿Cómo el escritor César Aira percibió esos años, ese contexto, esa
realidad?
César Aira: Yo me desilusioné mucho de la política en plena juventud, como todos, porque tenés veinte años,
pero hubo un momento, antes del golpe del 76 en que me había apartado mucho de
toda ilusión política, en realidad no lo recuperé nunca. En el 82, cuando
volvió Alfonsín, lo voté, cuando volvió la democracia,
quiero decir, pero me duró poco. Hubo como un corte en mí hacia el año 71-72 cuando estuve preso
y terminé en el 75, por completo. Y en esos
años, como tanta gente acá, hice una especie de exilio interior, me cerré. Para
mí eso no fue difícil porque yo siempre he
vivido y quiero seguir viviendo hasta que me muera en el mundo de los libros,
que han sido mi consuelo, mi alegría, mi vida. Para mí no es difícil exiliarme
en mi casa. Y así lo hice, aunque quise escribir sobre cuestiones políticas, sobre
situaciones sufridas de la vida general, pero al
final me parece oportunismo.
Luis Dapelo: Es decir que concebís esto
como algo muy íntimo, muy
personal. La percepción que tenés de la
realidad o de la política, sólo te pertenece a vos y
no tiene por qué trascender necesariamente.
César Aira: Sí.
Los géneros literarios
Luis Dapelo: Por lo que concierne los
géneros, vos dijiste una vez que te resulta un poco extraño o casi inconcebible
escribir una novela larga, porque tu producción tiende a la brevedad.
César Aira: De hecho, mis primeras novelas tenían una
extensión más bien convencional, pasaban las doscientas páginas, algunas
trescientas, casi cuatrocientas; después se fueron haciendo más cortas pero eso
fue luego liberal. No sé por qué yo he racionalizado
muchas cosas, aún tengo que explicármelo. Pero, en realidad, como
todas las racionalizaciones pueden ser excusas, explicaciones, falsas, no sé
bien por cuál razón, y ahora, desde hace muchos años no paso nunca de las cien
páginas, sobre todo después de algunas maniobras tipográficas para agrandarlas.
Luis Dapelo: Con respecto al cuento, vos dijiste:
"Debo tener algo genéticamente incompatible con el cuento, con el
género". ¿Por qué?
César Aira: Eso puede haber sido una reacción al exceso
del cuentos que hubo en
Luis Dapelo: Es decir, recurriendo
a la metáfora,
ves en el cuento una especie de jaula y en la novela
un terreno inmenso, o sea, libertad y desafío
al mismo tiempo. A propósito de la realidad, una vez también declaraste que el
mito personal consiste en que el escritor llegue a hacerse real en la realidad.
César Aira: No sé por qué habré
dicho eso. Ahí hay cosas que sigo sosteniendo, uno
puede ver a un verdadero escritor como una obra o un
productor de libros, o que sean libros buenos o que sean libros buenísimos,
pero al final no existe lo que se llama el mito del escritor. La realidad es otra cosa. Para mí siempre
ha sido un problema tratar la cuestión de la realidad.
Siempre he pensado que la realidad está al otro lado de un vidrio que no
podía tocar. Creo que, inconscientemente en mi
juventud y después quizás un poco más deliberadamente,
la realidad es como un laboratorio personal para ver si yo también podía
atravesar ese vidrio y llegar a tocarla mediante estas obras extrañas que hago,
pero esas son todas fantasías.
Realismo, “verosímil”,
fantástico: “escribir es higiénico, catártico...”
Luis Dapelo: Hay en tu obra una
muy eficaz combinación entre realismo y fantasía.
César Aira: Sí, yo la fantasía la tomo de mis delirios
internos pero también de lo que se llama habitualmente la cultura popular, la
televisión, los dibujos animados, cómics, mitologías populares. En el trabajo
de la narración pienso que es muy anticuado, muy estricto mantener un verosímil
que no se rompa nunca, pasan las cosas más extrañas del mundo, siempre
introduzco un modo para explicarlas. Soy un
gran admirador y estudioso del surrealismo. A mí nunca me gustó esa acumulación a la que suele tender el surrealismo, esa acumulación
de poner una al lado de otra distintas cosas extrañas.
Para mí esas cosas tienen que unirse unas a otras causalmente, una tiene
que ser la causa de la otra y la otra el efecto de la anterior. Es un trabajo casi
artesanal que yo hago, en una novela se me ocurre una idea rarísima, que
aparezca un caballo que vuela, entonces, ahí tengo que explicar porque no
aparece nunca como en los sueños, escritura automática, no. Eso es lo que
querría lograr. Por eso, mi escritor favorito sigue siendo,
creo que es el escritor de mi vida, Lautréamont, una escritura anticuada, todo
se va explicando, todo sigue ahí, pulpos de acero
que atacan a las niñitas. No porque sí.
Luis Dapelo: Yo veo en esto una dialéctica muy eficaz entre
realismo y fantasía.
César Aira: No es realismo sino verosímil, donde se crea
una fantasía y el lector acepta un contrato "Lo voy a creer porque está
bien explicado" y a partir de ahí se puede dejar volar la fantasía.
Luis Dapelo: “Escribir es higiénico,
es catártico, y hay que resignarse a ser escritor”,
César Aira dixit.
César Aira: ¿Sí? Uf, cuando me
piden cosas que he dicho... Higiénico... Para
mí ha sido, bueno, a parte de mi vida...
Escribo porque me gusta, escribo todos los días. Catártico... No sé, hay algo
que cumplir con un destino, sobre todo dejar algo, darle al mundo algo que el
mundo no tenía antes que uno viniera y seguramente ese es
el fin de esas paginitas que escribo todos los días. Es como si cumpliera con un
deber y lo cumplo con gusto. Las paginitas pueden
resultar obvias, trilladas y viejas, pero
queda la alegría de la creación, de haber dicho algo, de sentir
satisfacción. A veces no sale bien, pero ¿qué importa?
Luis Dapelo: O sea que no estás de acuerdo, no coincidís con la idea
de creación como resultado del furor, de los
demonios, fantasmas como detonantes de la escritura...
César Aira: A veces hay que esperar
un poco a las ideas. Con el tiempo, yo me he
acostumbrado a ver que hay que esperar a las ideas. Yo escribo muy poquito, todos los días, no puedo escribir mas de una página, una hora o
un poco menos de una hora y es como si se cerrara una
válvula y tengo que esperar al dia siguiente para que siga viniendo. Muchas
veces me quedo, un trago y no lo combato, no hago fuerza, espero simplemente
que venga y siempre viene.
El humor, la
ironía, la burla, sus efectos
César Aira: Sí,
espontáneo, casi te diría en contra de mis mejores
intenciones. El año pasado quise poner en claro ese asunto y escribí una
novelita que se titula Cómo
me reí. Porque esa es la frase que me repiten todos los que han leído un libro
mío. La primera cosa que me dicen, claro para elogiarme, es “Cómo me reí”. Y, a lo largo de los años,
ha terminado molestándome. Y escribí
esa novelita en contra de la gente que me dice “Cómo me reí”, leyendo tus novelas. No sé,
me sale así, como si fuera
un porcentaje en ese humor, un porcentaje alto de otra cosa que es la ironía,
ironía a la inglesa aprendida de Borges, como modo de poner
una distancia, aun cuando no la hay. La ironía como cortesía.
Luis Dapelo: Hay rasgos de esa ironía
que se traducen en comicidad, en lo grotesco.
César Aira: Sí, tengo que reconocerlo. Porque,
a veces, cuando me quejo mis amigos me dicen en.esa
parte de tal novela donde haces tal cosa nos hizo reír. Entonces sí.
Es como el gusto por el grotesco, por llevar la intención,
más allá de la intención mía. Yo me he
resignado a eso.
Luis Dapelo: A veces también se percibe a César Aira como un gran burlón. ¿Me equivoco?
César Aira: No tanto...
Yo pienso que hay mucha gente que se merece la burla, pero eso no lo van a aceptar nunca. Yo nunca me
burlaría de las cosas que me importan realmente como la literatura, por
ejemplo, como Borges. No haría chistes sobre Borges, sobre Sabato sí, Borges no me molesta. No creo que sea una
cosa de burla. La burla tiene algo de, no sé,
de desdén, de superioridad, yo siempre he tratado de evitarlo. Nunca he podido soportar esa actitud de superioridad a
Literatura,
escritores, lectores y mercado
Luis Dapelo: Yo me atrevería a definir a César Aira como un escritor transatlántico
que está presente en España y en Europa. Hay, me parece, una suerte de nuevos espacios para el diálogo
entre Argentina, América Latina, España y Europa ¿verdad?
César Aira:
En
estos últimos años, sí. España se alejó mucho
de Hispanoamérica después del “Boom” que
fue como un exceso, se saturaron. Hubo un lapso, como veinte años, en que se
cerraron sobre sí mismos, que coincidió
también con la democracia en Espana, el boom cultural
y económico. Y ahora, en estos últimos 5,6,7
años han vuelto a interesarse por los hispanomericanos. De hecho, casi un poco
demasiado, ¿no? Catálogos, editoriales... Hoy en día, las grandes
editoriales españolas están llenas de
latinoamericanos y... ¿los argentinos? En otros países
hispanoamericanos también tenemos como un plus, hay como una tradición de
elegancia, de refinamiento argentino que nos daba un
cierto resalto. No me siento para nada cerca de corrientes,
grupos de escritores, de tipos más bien
internacionales como Bolaño, Vila-Matas, Villoro.
Luis Dapelo: Los “crack” mexicanos...
César Aira: Sí, no sé
si los “crack” tienen más una localización
mejicana, pero no me gusta nada que me pongan en esas listas. De hecho, en
muchos años pensé que era un escritor argentino para argentinos, y fuera de
nuestro sobrentendido, de nuestra mitología, no me iban a poder entender para
nada, quizás no me entiendan. De cualquier modo, el malentendido es una parte
importante de la literatura, el malentendido nunca hay que subestimarlo.
Luis Dapelo: Digamos
que, segun mi opinión, es inevitable, con los efectos de la globalizacion, no
llegar a otros lugares, nos guste o no, lo querramos o no.
Regresando al tema del mercado editorial, tu obra está publicada por una
miríada de editores, editores argentinos, españoles, etc.
Dijiste una vez que cuando te venían a buscar, cuando se estaban creando
iniciativas editoriales, vos tenías una novela lista,
o algo por el estilo.
César Aira:
Sí,
siempre tengo algo. La primera editorial que me dejó publicar acá fue Emecé. Yo prefiero
publicar para editoriales pequeñas, en esa que
se formó en Rosario: la editorial Beatriz Viterbo.
Luis Dapelo: Es una estupenda
editorial, con un muy buen catálogo de ensayos, por
ejemplo.
César Aira:
Yo
soy un poco el padrino de la editorial porque han empezado con un libro mío y
van a terminar con un libro mío. Allí me siento cómodo porque
hay como menos responsabilidad, la literatura y mis
novelas nunca las pensé en términos de plata, como mi trabajo. La literatura es
una cosa gratuita y nunca tuve ni un asomo de pensamiento en ese sentido, así
que me parecía perfecto. También me gustaba el
hecho de que estos libros, en estas pequeñas editoriales son dificiles de
conseguir. Para mí un libro tiene esa
maravillosa cortesía que no tienen los productos de la cultura popular que van
así a la gente. Un libro está ahí, en un
rincón de la librería, esperando, puede esperar cien años, va a seguir ahí,
cubierto de polvo, pero va a seguir esperando y quien quiere encontrarlo lo va
a encontrar, como yo he encontrado a todos los
escritores que he amado. En Emecé yo trabajé hace muchos años como traductor. Bueno, me puse a
publicar ahí. Seguì publicando en Emecé hasta
que la editorial se vendió y después mi
pequeño prestigio había crecido lo suficiente como para que cualquier editorial
aceptara un libro mío. Entonces tuve la fantasía de tener un libro publicado en cada editorial grande, como Tusquets -
me gustaban estos libros negros, tan elegantes - Anagrama,
algunas editoriales mejicanas y después terminé haciendo un acuerdo formal con
Mondadori-España que ahora es mi editorial oficial, pero mantengo acá, en Argentina, mi completa libertad para seguir con las
pequeñas editoriales. Eso
lo hago gratuitamente en Beatriz Viterbo como en muchas otras. Ahora he
publicado un par de novelitas ahí. Se está
formando una editorial de unos chicos amigos míos y les
he dado una novelita. De hecho, en estos últimos años, con Mondadori hemos hecho un
acuerdo según el cual van a sacar una novela por año, es decir, un año publicarán
una reedición de una de estos libros que tengo acá y el
próximo una
nueva. Siento que mis novelas se van haciendo cada
vez más cortas y cada vez más delirantes. Estuve
hablando con el director de una editorial grande y le dije “mirá que va a ser muy cortita y muy loca”... Si él la quiere, bien. Pero
sigo sintiendo más libertad, menos
responsabilidad con estas pequeñas editoriales.
Luis Dapelo: Por una parte has encontrado, según mi opinión, una precisa colocación en el mercado. Pero, por otra, es decir, del punto de vista de la
circulación, hay problemas con las editoriales pequeñas, puesto que, a mí
me cuesta mucho encontrar novelas tuyas que me
faltan por leer; en cambio, con otras
editoriales medianas o grandes las encuentro.
Sí, has encontrado esa libertad de publicar con quien quieras, y esto es muy importante
porque corresponde a tus deseos, a tu posición de escritor, pero creo que hay un problema de circulación
fundamentalmente.
César Aira:
Eso
no creo que sea un problema. Para mí no es un
problema. Muchas veces, lo primero que me han
dicho, sobre todo los periodistas, cuando voy
a España todos los años a hacer las presentaciones de mis libros, que me agradecen
que mis libros sean tan breves y tan legibles. Tal vez lo
han leído la noche anterior. Porque cuando va un escritor a una ciudad y la
editorial manda el libro a las redacciones de diarios y revistas, algún secretario de redacción le da el libro a un
periodista y le dice: “léelo y vas mañana o la semana que viene a
hacerle una entrevista.” Muchas veces el libro es un libro enorme, dificil de
leer, y el periodista sufre. Leen las primeras 20 páginas, las 20 últimas y luego hacen una serie de preguntas.
Conmigo no tienen ese problema porque un libro mío tiene
generalmente 80 páginas. O sea que voy descubriendo
ahí con mis lectores una gran facilidad de lectura. Pero,
por otro lado,
se las hago difícil escondiendo mis libros.
Luis Dapelo: Exacto. Y yo creo
que has logrado un buen pacto con el lector en el sentido de la
fruición, a pesar de toda la complejidad que hay detrás. Aparentemente César Aira es accesible, pero hay
muchas cosas y se da una suerte de juego de
apariencias, ¿no? Porque un lector que de primera impresión dice “Ah, me gustó
mucho Aira, lo leí todo de cabo a rabo” y otro
lector, por ejemplo, que dice: “Ah, me gustó tanto Aira, lo leí de cabo a rabo pero,
pero, pero ...” Entonces, yo creo que tu literatura ha conseguido eso.
César Aira: Puede ser...
Luis Dapelo: Lectores que se van haciendo...
César Aira: Mis lectores sempre han sido pocos. Nunca han hecho masas de público, siempre han sido individuos, y siendo poquitos, esos
poquitos toman una actitud de coleccionistas. Por ejemplo, me decía un amigo
venezolano que lee mis libros con mucho entusiasmo, que ha vivido en la casa de Pitol, y Pitol tiene un estante con los libros, muy
orgulloso, dice que los tiene todos. Este
amigo, los estuvo mirando, y le dijo: “yo
tengo más”...
Espacios de la narración: “transterritorialidad”
Luis Dapelo: Los espacios en tu
narrativa. Creo que hay una pluralidad de espacios y me viene a la mente Varamo y
Panamá, otras novelas que están ambientadas en tu barrio, en Buenos Aires, en
Pringles y también El congreso de literatura en
Venezuela. ¿Cómo es el tratamiento del espacio en las
novelas de César Aira?
César Aira: Esas son aguas profundas para mí. No sé. Muchas de mis novelas han sido
escritas con una intención de homenaje, homenaje
a lugares que quiero, a gente que quiero, que he querido. El barrio mío de
Flores, donde vivo desde hace 40 años se me ha
vuelto muy entrañable y lo he querido homenajear con libros, homenajear sectores, lugares, personajes del barrio, horas. Por
ejemplo,
hasta en Las Noches de Flores, esas noches de primavera en Flores... Me
sentía un poco en deuda con Pringles y la fui
saldando porque todas mis últimas novelas han sido un
retorno a
la infancia. Quizás sea
un efecto de la edad, uno vuelve cada vez más atrás. He escrito varias
novelitas sobre Pringles o ambientadas en Pringles. Otro, por ejemplo,
Panamá, escribí tres novelas ambientadas en Panamá donde nunca estuve, salvo en
el aeropuerto, pero no salí, la vi desde
arriba. Yo creo que es un poco como crear un teatro donde pueda funcionar una pura
ficción como
Luis Dapelo: ¿Acaso es una recuperación de la nostalgia?
César Aira: Y cuando no es deliberado es cuando viene una idea que cae out of the
bluest sky, que sale uno no sabe de dónde,
y de ahí voy.
Autobiografía, literatura
Luis Dapelo: ¿Qué significa lo autobiográfico en tu obra?
César Aira: Sí, a veces me he preguntado, todo es autobiográfico. Si un escritor, un
novelista escribe:“un personaje abrió la puerta”, eso es
autobiográfico porque uno ha tenido la esperiencia de abrir una puerta y sabe
de qué se trata.
Prácticamente todo es autobiografía disfrazada
o desclasada, ¿no? Se
da de página a página por mi modo de escritura, mi método. Porque yo
escribo todos los días una página y en esa página suelen aparecer cosas que me
están pasando, día a día. Eso es uno de los desafíos que más me gustan: dejar
entrar algo que no estaba previsto; algo que me ocurrió o que
vi, o que vi en la televisión o que leí en un libro. Y,
en algunas ocasiones, no tiene nada que ver con la trama de lo que vengo
escribiendo pero entra igual y ahí el desafío es hacerlo entrar bien, sin exclusiones. Se filtra, pero tenés
una causa para eso, y que eso produzca un efecto. Entonces eso es lo que le da
ese carácter un poco sinuoso a mis argumentos que nunca van en línea recta
porque van entrando cosas. Hay mucho de
autobiográfico. Yo, a veces, no pienso contar una
anécdota, algo que me ha pasado, en un viaje o cualquier cosa a un amigo, y
digo pero eso está en un libro, y me he olvidado, y digo sí, entra todo .
Imágenes, lo visual
Luis Dapelo: Otro efecto de tu escritura es lo visual. La encuentro muy visual.
César Aira: ¡Sí! Eso es así....Esa prosa clara,
neutra que yo tengo, quiero hacerla lo más transparente posible, para que se
vea. Ésta es la idea mía, la intención mía con respecto del lector, ¿no? Que el
lector vea lo que yo ví en mi fantasía. Hacer
la frase lo más clara posible, lo más precisa posible para que se vea
exactamente lo que yo ví, porque mi imaginación funciona evidentemente de un
modo visual, veo imágenes y esas imágenes van ahí.
Luis Dapelo: Entonces le das una gran importancia a la
imagen.
César Aira: Totalmente sí. Yo lo voy viendo todo en imágenes; a veces me paso un buen rato pensando y me digo: “no, el lector no se va a dar cuenta exactamente de cómo es” y
entonces agrego cosas, más detalles, más colores.
Luis Dapelo: La precisión...
César Aira: Sí, sí, para que lo vea
exactamente, y a veces me paso porque el lector no necesita tanto. Su imaginación puede trabajar muy bien.
Literatura latinoamericana, Boom y
otros temas
Luis Dapelo: ¿Qué opina César Aira de la literatura latinoamericana contemporánea?
César Aira: Bueno, yo escribí, no sé si lo sabrás, un
diccionario de literatura.
Luis Dapelo: Sí, lo tengo.
César Aira: Latinoamericana, pero no es contemporánea. Me
detuve en escritores nacidos hasta el año 30 y ahí encontré un tesoro, es una
de las grandes literaturas. Las grandes literaturas del mundo son la francesa,
la inglesa y la latinoamericana. No sé por qué, en realidad a mí no me gusta
esa actitud que tienen muchos lectores de leer lo nuevo que apareció ahora. No
le doy la ventaja a eso. Hay tanta literatura excelente del pasado para leer. ¿Por qué están tan
pendientes de lo que está apareciendo ahora? Y
además los buenos escritores, los realmente buenos son rarísimos, que aparezca
uno cada 50 años, ya podemos darnos como muy
satisfechos. Ahora estaba pensando, porque voy a Brasil a dar una charla sobre literatura
latinoamericana y estaba preguntándome qué escritores realmente buenos he
descubierto en estos últimos años. Cito al uruguayo
Levrero, al chileno Couve y al brasileño Danton Trevisán, que es un viejo
favorito mío. Levrero y Couve también se murieron jóvenes. Eso de
descubrir un genio todas las semanas es una cosa de los periodistas, hay que
tener paciencia. Leer a todo Borges, a todo Lezama Lima; leerlos bien, releerlos,
apreciarlos, yendo a las librerías, todos los
días...
Luis Dapelo: ¿Qué es el Boom
para César Aira?
César Aira: El Boom
yo lo viví de cerca en el período que apareció. O
sea yo compré Cien años de soledad la semana que salió y estuve muy
entusiasmado con mis 18-20 años con eso. Una
fase que duró muy poco. Y no era tan buena como creía, por lo que me desilusioné de casi todos ellos. Pero
no sé si habrá hecho bien o mal al marketing, porque es una carga un poco
pesada...
Luis Dapelo: En realidad, el Boom me parece que dio un gran impulso, a
pesar de lo que vos decís de la carga del
marketing. Fue un gran impulso para la
circulación de la literatura latinoamericana, ¿verdad?
Y es una de las virtudes de este fenómeno, porque muchos lo han visto
exclusivamente como un fenómeno comercial. Lo
cual es cierto, pero también
significa un fenómeno que da mucha renovación, una
sacudida a lo que se percibía y leía
como narrativa.
César Aira: Sí, puede ser. En un momento, en los años 60, fue importante. No tengo
gran cosa que decir de eso porque ya te lo
dije. Me desilusioné mucho con Cortázar que hoy en
día casi me da vergüenza leer. Pensar que yo
admiré tanto eso. De los que aprecio más está Onetti.
Cuando me puse a leer en serio a Faulkner, se me abrieron otras perspectivas.
Luis Dapelo: Aunque esta gran influencia, este gran
abrazo faulkneriano, esta aura faulkneriana está presente en gran parte de los
escritores del Boom...
César Aira: Por ejemplo, hay escritores que nunca me gustaron como Rulfo. Casi exactamente lo que me no me gusta es el escritor que escribe
un par de libritos, bien pulidos, bien corregidos y vive todo el resto de su
vida del prestigio de estos libritos. Me
parece que es una falta de generosidad. Un
escritor tiene que seguir escribiendo sobre todo cuando empieza a escribir mal,
cuando empieza a decaer, es allí cuando se ve
su jerarquía. Eso de cuidar el prestigio no me
parece y, de hecho, mucho de lo que yo he escrito ha sido
para tratar de destruir al prestigio. Cuando
homenajean algo, inmediatamante voy a escribir al revés.
Ensayos, conclusiones
Luis Dapelo: Bien, voy a hacerte una última pregunta y te
agradezco infinitamente por la generosidad de haberme
concedido
esta entrevista. Volviendo a los géneros, quisiera
saber algo más sobre tu relación con el ensayo,
puesto que eres también un escritor de ensayos.
¿Por qué no has continuado a escribir ensayos?
Cèsar Aira: No, sigo escribiendo poco, pero
escribo. Empecé a escribir más sistemáticamente ensayos en el momento en que me
di cuenta de que mis novelas estaban un poco cargadas de reflexiones
ensayísticas, y eso no me gusta. Entonces pensé que
escribiendo ensayos, que fueran propiamente
ensayos, iba a liberar mis novelas y hacerlas
más narrativas, más pura y simplemente narrativas. Y yo soy
gran lector. Como es mi actividad básica,
esencial siempre he querido escribir sobre el libro, siempre he escrito y tomado notas. Y cuando escribo un ensayo, no sé si
le pasará a todo el mundo pero para mí es
infalible, siento que alguien está mirando por encima de mi hombro. Tengo que cuidar
lo que hago, decirlo bien, decir verdades, no
equivocarme y siento mucho eso cuando termino el ensayo y vuelvo a una novela,
allí sí que puedo decir cualquier cosa, puedo
equivocarme, siento como una liberación. Pero ahora sigo
intentándolo. Casi todos los años estoy publicando un librito de ensayos y
escribo algunos artículos también. Cuando voy a
congresos, reuniones escribo una ponencia, y escribo mucho para mí; notas de
lectura pero no he logrado hacerlo más, darle más continuidad. Quizás por eso, porque me siento que estoy
haciendo algo que no es lo mío, no he logrado esa fluidez que creí que iba a
lograr ejercitándome. Sigue costándome
trabajo, sigo sintiendo ese profesor que me
está mirando y que me está vigilando.
Luis Dapelo: Yo te agradezco infinitamente César. Tengo muchas más dudas e
interrogantes que yo creo que con el tiempo las vamos a poder aclarar y esta
conversación me ha causado realmente un gran placer.
César Aira: De nada. El placer ha sido todo mío.
©Luis Dapelo, 2006.
Transcripción de Elisabetta Callegari y
Bianca Pongiglione.
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